Por las calles huye el viento
cual perro apaleado,
y con mis peinados de quince años
caigo en la madrugada del tiempo,
donde podré quedarme en cueros
donde dan caricias al sufrimiento
donde tiritan inconclusos sueños
donde lloraré yo primero
donde los años no envejecen
como no envejecen los espejos viejos.
 
Dime quien eres y porqué me visitas
dime quien soy yo también,
porqué te separas sin decirme tu nombre
porqué tu luz fija mi ceguera
y me empujas levemente
entre el mirar y el ver.
 
Dime quien eres,
dime si...¡yo soy tu, si yo soy yo!...
porqué en mis prendas domingueras
encuentro la ley de tus argumentos,
porqué en aquel celeste paraíso
huye la lluvia
borracha por obligación,
y porqué pueden mis alas encender tu voz.
 
 
Nadie sabe quien eres,
nadie sabe mi nombre,
apareces en mis cristales
transportadores impalpables de belleza,
y aún sabiendo que no me he equivocado en nada
sólo en las cosas que más quería
me prometo solemne no sufrir demasiado
y aunque tu nombre me persiga
desapareceré de ti
...para volver a tu lado.
Es el precio que pago por ser hembra mortal,
feliz...digan lo que digan.
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