ESCRIBE TU HISTORIA
Esta mañana en la piscina veía a un niño de unos diez años al que su madre tenía que bañar en la piscina sujetándole por los brazos porque no puede andar ni sostenerse. También, hace unos días, en la actuación de fin de curso de mi hermano había una niña con el pelo muy corto pues hasta hace muy poco había estado con quimioterapia. Conozco a un bebé maravilloso que ha entrado en quirófano muchas veces más de las que muchas personas entrarán a lo largo de toda su vida. Por supuesto existen muchas más historias reales. Hay gente que tiene cáncer, escoliosis u otras múltiples enfermedades, desde bebés y niños, pasando por jóvenes y adultos, hasta ancianos. A veces “se sale”, se cura o dan con el medicamento adecuado para paliar los efectos de la enfermedad y se puede vivir con ella, sin embargo, otras veces, morimos. Así, como suena. No quiero sonar pesimista, ni dramático, ni con mal fario ni drástico por decir cosas que son una realidad, que además escapan a nuestro entendimiento y a nuestro control, nos guste o no. Me he centrado en la salud, pero hay innumerables problemas a lo largo de la vida, como el paro, una separación o un fracaso. Si uno se para tan solo quince segundos a pensar se da cuenta de que, quizá no actualmente, pero en todos los años de su existencia ha habido algún sufrimiento, propio o ajeno, que si hubiera sido él el autor, el escritor, de esa historia, eso seguro que no habría aparecido o hubiera sucedido de otro modo. ¿Algún ser humano racional escribiría que una niña de cuatro años fallezca en un accidente? El otro día iba en el autobús cuando leí en una marquesina, anunciando la película de Toy Story 4 “Escribe tu historia”. Realmente pensé que era una frase cierta, merecedora de ponerse de estado de WhatsApp, actual, motivadora y necesaria. Y no era la primera que la veía o escuchaba pues aparece en tantas películas y series actuales como “si no te gusta cómo está escrita la historia, cámbiala”, “eres el dueño de tu destino”, “toma el timón y traza tu propio curso”; “la vida te pone obstáculos, pero los límites los pones tú”, no es lo que ocurre sino como lo afrontas o superas, “vuestros cuerpos son vuestros y de nadie más”… Y la mejor de todas: “Impossible is nothing” (nada es imposible). (Un poco contradictorias, si se piensa detenidamente, con otras que también están muy al día como: déjate llevar; lo hacemos y ya vemos; el destino decidirá; fluir, no forzar; disfrutar el momento y no pensar más allá. En realidad, no son ni mucho menos dichas ahora puesto que muchas son máximas latinas como Carpe Diem o Tempus Fugit. Pero este es otro tema). Siempre he sido muy fan de todas estas frases y me las he puesto de fondo, en Twitter, las he escrito para colgarlas en la pared y, claro está, me las he puesto de estado. Sí que me había detenido, aunque brevemente, a pensarlas y las había creído como ciertas. Pero el otro día, al ver la parada del autobús, intenté reflexionar sobre si es verdad que uno escribe su historia o no. Creo que basta con recordar o volver a leer el principio para darse cuenta de que simplemente esto no solo no es cierto, sino que lleva consigo otras premisas. Primero, hace vivir en una utopía de vida, donde no hay sufrimiento o todos los problemas los podemos sortear o solucionar con una actitud positiva, un cuerpo sano y una mente clara y decidida, y muchas veces es así, pero la realidad es que otras muchas (sobre todo en lo que respecta a la enfermedad y la muerte) no. Segundo, uno no vive en soledad, aunque un individuo quiera hacer su propia vida (incluso aunque no viviera en la civilización, en sociedad) le afectan los demás, inevitablemente. Todos tenemos parientes, amigos, compañeros o vecinos. Estamos rodeados de otras personas y queramos o no, también influyen en nuestra vida, en nuestra historia. Desde que nacemos. Las otras personas nos condicionan en nuestra forma de pensar, en el dinero que manejamos, en el status en el que crecemos, en actuar de una forma u otra, en la forma en la que tomamos decisiones, en los modales, en las costumbres y tradiciones, en las reglas sociales, en las leyes… Por supuesto, todo esto se puede cambiar y uno mismo puede no aceptar acatar lo impuesto y luchar por cambiar las cosas. Pero uno no puede escribir él solo su propia historia y para él solo. Yo lo pensaba así, pero es que no es posible, uno sufre por un amigo que se va, en unas oposiciones se compite con otros (cuya inteligencia, constancia, habilidad y disciplina se desconoce), el sexo suele ser (en general, preferiblemente) con otras personas y otros muchos ejemplos en los que en la historia que uno escribe entran también en juego las historias de los demás. Tercero, la negación de Dios, del destino, de los dioses, de los elementos, de la naturaleza, del Karma o de cualquier otra fuerza o ente, no solo superior o sobrenatural, sino también de cualquier cosa externa a nosotros. Uno es dueño de su historia, no de sus palabras, actos y decisiones, sino de la vida como tal. Con esto por supuesto no quiero decir que haya que rendirse ante la adversidad, dejarse superar por los problemas o no luchar con decisión por salir, que no haya que vencer el miedo, tener objetivos e ir a por ellos, o luchar por los sueños. Todo lo contrario. Pero sencillamente es ser consciente y tener presente, que a veces pueden venir circunstancias ajenas a nuestro control, pasar sucesos sobre los que los seres humanos no tenemos control y que, sencillamente, aunque estemos escribiendo nuestra historia, otro nos hace tener que reescribirla. Creo que el ser humano no puede controlar su vida, aunque quiera, y que este exceso de positivismo, de individualismo y de poder hacer lo que a uno le dé la gana por la grandeza y la fuerza del ser me parece hasta contraproducente.
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