Epifania
Hey, tu. Recostado cual despojo en mi cama. Basta. Ven aquí al espejo y mirémonos a los ojos. Así, aquí frente a frente. Tengo muchas cosas que decirte. Siento rencor, indignación. Ha surgido en mí una epifanía por eso me urge hablarte. ¿Sabes? En realidad, quisiera terminar contigo por todo el mal que me hiciste. Pero no es la forma, seria más de lo mismo. Por eso te voy a hablar. No sé si te voy a escuchar, porque no sé, despojo humano, si mereces ser escuchada. Mucho daño me hiciste.
Mírate en el espejo, todas esas cicatrices en los brazos. Pues no quiero tenerlas. Y tú me las marcaste para siempre porque estabas enojada. ¿Con quién? ¿Qué daño te hice? Nunca fui mala persona. No merezco tener estas huellas de ese daño. ¿Recuerdas las veces que quisiste terminar con nosotras? Fueron muchas. Con suerte estamos aquí mirándonos a los ojos. Y todas las veces que te dejaste traicionar por personas que no te merecían. ¿Recuerdas? ¿Por qué tan poca valía? Permitías a cualquier persona entrar en tu vida y deshonrar nuestro templo. Siempre terminabas defraudada emocional y económicamente. Y eras consciente de ello. Yo ahora tendría algo para disfrutar materialmente, pero llenaste tus vacíos con malas personas, compras desenfrenadas y pésimas decisiones.
No llores. Es momento de ser fuerte. Tenemos otro presente. Pude elaborar y armar muchos rompecabezas estos últimos tiempos. Siento la fortaleza de quien puede volver a empezar y cogí las herramientas necesarias. Sé que tu no las tenías. Sé que tú te quedas rumiando con tu niña interior. Yo no tengo tiempo para eso. ¿De qué nos sirve? Que lograríamos con saber dónde está el daño, si de todas maneras tenemos que seguir adelante. Sigue tu rumiando con eso. Yo despego. Mi futuro será como un espiral.
No llores. Sosiego. Hablemos con calma. Sí, es verdad que quisiera terminar contigo, pero demasiado daño hay en esta relación. Vamos a entendernos.
A pesar del odio, te aseguro que te entiendo. Es más, al ver tus inocentes ojos en el espejo me he calmado bastante. Entiendo a tu niña herida, la he leído en tus escritos, no sé qué le pasó, porque allí todo está muy oscuro. Nunca lo sabré. Tampoco sabré del trauma. Pero te aseguro que no somos las únicas. Todos lo padecen y siguen su vida sin hacerse daño.
Yo hoy te propongo que descanses. Que me dejes el control porque estoy más preparada y se cuál es la dirección y lo más importante, voy a protegernos. Descansa y te perdono. No sabias lo que hacías y no tenías las herramientas para construirte. Hoy las tenemos.
Nos esperaran días de presentes eternos, descansa que yo sigo caminando.
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