Suerte que la luna en el rincón, que la noche atardecida. Suerte que en el fulgor de la batalla los soldados murmuran su deseo de paz para alimentarse de noches bendecidas por el alimento, suerte que el alimento es más que la batalla                  los girasoles la tierra trabajada más que la triste locura de las cosas grises; los encendidos colores de América con  sus pájaros exóticos gracias a los matices donde la penumbra alimenta dulcemente el nacimiento de una planta, donde la oscuridad es madre de los sueños              suerte que en este mundo existe algo asi como los sueños                      pero en otras latitudes          aquí mismo en otras latitudes el hambre se abre como una herida y cantamos lo mismo y no hacemos mas  que cantar y a veces sentimos que no es suficiente quisiéramos dar nuestro cuerpo como alimento dejarnos llevar por la caricia y nos acomodamos al confort y nos hacemos indiferentes                nos mezclamos en la burbuja suerte que existe la burbuja que amanece en la burbuja que hay carne en la heladera que tengo el corazón repleto y la panza llena suerte que soy como un ternero mamón que chupa la leche de su madre sol                detrás de la realidad uñas sangrientas pero flores perfumadas crímenes apasionados pero todo explotación todo camino  exacerbado           los mantos de la divinidad también existen la maternidad gozosa la dulzura  de una sonrisa .        
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