Transcurre de prisa, pensando, soñando
Pagas el precio de besos, de llanto
De cenizas, de ruido, de dedos rozando unos senos
De manos danzando un te quiero
De fulgores de ciento por ciento en la esquina del viejo prosaico
 
Le temes, huyes, te escondes
Rechazas la minina parte del todo, del tiempo
Del absurdo encontrado debajo de la cama
Como niño ahogando un capricho
Como viejo lanzando un quejido
Al atroz e insolente espejo
Que se empeña en rectificar los años
Que se ofusca al mirar las arrugas
Y que espera sentado, cansado con un dejo
De silbido apagado, como espuma del mar ofuscado
 
Y te jactas de no haber vivido
De malgastar en opulencia y engaño
En darle virtud a lo opaco, soez y superfluo
Y te olvidas de haber vivido, de sentir la pasión en tus venas
Y descubres que se te ha ido, que el boleto no paga el regreso
Y que el infinito al fin ha acabado.
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