Actualmente hablar de un Estado poderoso es algo peculiar, ya que la esfera global ha arrojado retos en donde la ley de supervivencia se debe de aplicar, el más fuerte, en este caso el más poderoso, es el que sobrevive. Múltiples son los sucesos que estos últimos años se han presentado, desastres naturales, epidemias y atentados terroristas son temas que pululan en los noticieros, y como se mencionó al inicio de este párrafo, solo aquellos con más poder, ya sea interno o a través de alianzas, lograrán sobrellevarlas. 
Hablar del poder de un Estado es algo muy vago, un tema con muchas directrices que tomar. Por ende, para este ensayo solo vincularemos el poder suave y la política exterior mexicana, con el fin de expandir un panorama y evaluar qué acciones y qué posición tiene México ante esta modalidad de poder. Dicho lo anterior iniciaremos definiendo, en sí, qué es el poder, Joseph Nye define el término como la posesión de las capacidades o recursos que pueden influir en los resultados que se desean. 
Dentro de la política hay tres tipos de poder, el poder duro que son todos los medios militares y económicos que un Estado posee, el poder suave, protagonista de este trabajo, también en palabras de Nye, es la persuasión o capacidad de movilizar a la gente por medio de argumentos, aunque esta forme parte importante de el y el poder inteligente que es el buen manejo y equilibrio de los anteriores mencionados. Existen tres fuentes del poder suave: la cultura, las políticas internas y las políticas exteriores o las relaciones que tiene un Estado con otro. Estos últimos serán los vértices que utilizaremos para analizar el caso de México. 
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Iniciando por la cultura, México es uno de los países que mas patrimonio cultural tiene, sin duda alguna muchas de sus tradiciones y costumbres se vuelven atractivas ante la visión del extranjero. Tanto en la alta cultura como en la cultura popular hay gran repertorio para deleitar y así mismo influir en la visión del exterior en nuestro país. A pesar de que las tradiciones y la cultura mexicana que se manifiestan al exterior son algo muy típico y anticuado que generalmente dan una cara de un México revolucionario, tal como el mariachi y la charrería, o, por lo contrario, demuestran un México prehispánico lleno de ritos y danzas que enamoran a cualquier espectador, es preciso aclarar que la aplicación de esta fuente del poder suave como cualquier otra dependen del contexto. Con lo pasado me refiero a que si, será muy lindo ver a un grupo folklórico bailar el Son de la negra, pero no provocará que un extranjero quiera invertir si sabe las cuestiones de corrupción con las que los gobiernos lidian día a día. 
Las políticas de gobierno internas y externas son otra fuente de poder blando. La implementación de una normativa incluyente en temas de Derechos Humanos, transparencia, equidad de género y demás, tanto al interior como al exterior influirán positivamente en la visión que se tenga de México, pero, así como influyen de manera positiva, la implementación de una ley que quizá sirva para México puede ser controversial para otra entidad con ideología distinta. 
Ya teniendo un contexto de las fuentes de poder blando en México, analicemos la situación actual. Hay varios índices que miden este tipo de poder, sin embargo, el que realiza la Universidad del Sur de California es uno de los más sólidos por su metodología. Lamentablemente, México dejó de estar en la lista del top 30 países con mejor poder blando, pasamos a estar en el lugar 34 después de Brasil, Chile y Argentina. 
En los últimos años han existido intentos fugaces de coordinar políticas de diplomacia pública para incidir de manera directa en el soft power mexicano. Estos esfuerzos fueron dirigidos desde la cancillería por Gonzalo Canseco. También desde Washington el ex embajador en EUA, Arturo Sarukhán, empujó esta agenda. Asimismo, la excanciller Claudia Ruíz Massieu y Paulo Carreño King, buscaron relanzar la “marca México” con este mismo propósito (Rodríguez, 2017). 
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La Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXID) no tiene recursos suficientes para impulsar la imagen del país en el exterior. México solo invierte 289 millones de dólares en cooperación internacional para el desarrollo. La mayor parte se destina a pagar cuotas de organismos internacionales (75%) y tan solo invertimos el 2.4% para ayuda humanitaria para países en conflicto como Siria y 7.4% para becas a estudiantes extranjeros (Rodríguez, 2017). Sin duda este ultimo punto mencionado es de suma importancia dentro del poder blando, el que un extranjero venga y estudie aquí significa que adoptara cierta rutina peculiar de México y cuando regrese a su país de origen la compartirá alla, de la misma manera el extranjero dejará aquí un poco de su escencia que nosotros adoptaremos e implementaremos en nuestra cotidianidad. 
Pero, ¿qué ha hecho de manera positiva México en esta cuestión?, de acuerdo con José Luis Chicoma y Ana Lucía Dávila, México en el 2013, jugó bien sus cartas de poder blando. La inversión extranjera y el boom del sector automotriz, lo hizo acreedor del título de “Tigre Azteca”. Su diplomacia era buena, pero pudo haber sido sobresaliente, considerando los esfuerzos que los BRICS están haciendo en este rubro (2013). 
Su gastronomía, playas y tradiciones son reconocidos internacionalmente, por lo que en factores subjetivos sale bien. Peña Nieto logró caracterizar al país por su posibilidad de cambio. Con cada propuesta de reforma, con cada jugada política (desde la detención de Elba Esther hasta el Pacto por México) (Chicoma & Dávila, 2013).
Pero este momentum se está acabando y la violencia resurge como preocupación principal. Monocle señala que “México triunfará en el ranking cuando haya más historias sobre su cultura y sus bondades y menos, muchas menos, sobre el narco y su violencia.” Dado, el atractivo cultural de México puede verse opacado nuevamente por los temas negativos, como ocurrió a Turquía con los disturbios de la Plaza Taksim que le costaron algunos peldaños en el ranking este año y un desperdicio de sus valiosos logros (Chicoma & Dávila, 2013).
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En cuestión de políticas internas y externas, a México le hace falta ejercer mucha mayor influencia cultural proactiva. Aunque las recientes reformas son importantes para la modernidad del país, si no hay una clara decisión de combatir la corrupción, mal endémico del Estado, siempre se tendrá la imagen del político mexicano asociado a los malos manejos. Igual, si el narco y la violencia no son atendidos con soluciones integrales y decididas, van a seguir definiendo la calidad de vida en el país y, por ende, su imagen externa (Chicoma & Dávila, 2013).
No se cuenta con una estrategia consolidada, integral y coherente de poder blando que incluya la diplomacia pública, la diplomacia cultural, la imagen y la narrativa del país dictada por la realidad que se construye desde los distintos frentes y sectores, dirigida y canalizada a las diferentes audiencias. 
Por otro lado, todavía hay aspectos que no son favorecedores y que pueden mejorar, como la debilidad de las instituciones, el estado de derecho, la educación, la infraestructura, entre otras. Como se mencionó al principio, el mundo y la manera de hacer política exterior están cambiando y debería ser prioridad para el país ser competitivo en este aspecto (Trigos, 2018).
No basta con ser una potencia cultural y turística. Tenemos que construir instituciones sólidas que nos blinden de la corrupción y la vergüenza internacional por casos como Ayotzinapa, asesinatos de periodistas, el escándalo de la Casa Blanca relacionado con la licitación del tren rápido a Querétaro, el socavón y exgobernadores prófugos en el extranjero, la cancelación del aeropuerto, feminicidios con números alartantes y demás.
Una estrategia eficaz de soft power debe estar respaldada por un gobierno democrático con instituciones sólidas y con verdadera responsabilidad global. Las continuas victorias de mexicanos, no sólo en el cine, sino en múltiples disciplinas, ayudan a posicionar a nuestro país y convertirlo en un jugador global. Sin embargo, para que el poder suave pueda potenciarse, también se requiere de una fuerte estrategia gubernamental.
También es clave mencionar que no se pretende que México se vuelva un país meramente de poder blando porque simplemente colapsaría, ningun Estado puede regirse bajo este poder solamente. Sin embargo se cree que la mejor manera en la que México sobresaldía a nivel internacional sería mediante el poder inteligente, término acuñado a la aplicación tanto del poder duro como el poder blando de un Estado.
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Mediante la aplicación de este poder, más todas las recomendaciones y observaciones antes mencionadas será posible mantener una imagen adecuada y atractiva en el exterior de esta manera generar más acciones como la inversión y la cooperación internacional en este país.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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