El pequeño llantén y su amigo el Romero
Así como se crearon los animales se crearon las plantas según su especie, estas tenían distintas formas y tamaños, texturas sabores y olores que las hacían distintas y únicas a la vez.
Sus lindos colores hacían de sus vestidos una obra de arte. Unas eran tan bajas que sus raíces conformaban toda su estructura, otras eran tan altas que sus hojas alcanzaban la luz del sol, y algunas daban ricos frutos en épocas de primavera.
Sin embargo había dos lindas plantas que eran muy amigas una era el romero y la otra le llamaban llantén, estas dos plantas muy distintas entre sí se conocieron un día en la pradera, en este lugar habitaban muchas más criaturas pero era un lugar de plantas y herbívoros gigantes.
Había una vez un pequeño llantén, este era un poco tímido pues con 40 cm de altura casi nadie lo escuchaba, se la pasaba solo y aburrido, además todos lo molestaban pues sus grandes hojas asemejaban la forma de la planta de un pie humano.
Siempre que el caminaba con sus grandes hojas tapando su cabeza los demás hablaban y susurraban que era para pasar desapercibido, pero lo que no sabían es que este pequeño llantén escondía un gran secreto. Al otro lado de la pradera vivía un romero con sus muchos hermanos y hermanas todos con tallos leñosos y muy ramificados. Este romero le ponía su toque picante a todas sus actividades, era muy carismático y motivador pues tonificaba con su sazón a todos por montón. Era justo lo que nuestro amigo llantén necesitaba.
Caminando por esta paradera, las dos plantas se toparon entre si, y mirándose fijamente quedaron sorprendidas una de la otra, pues nunca en sus vidas habían visto una planta parecida, las dos empezaron a hablar y quedaban de encontrarse a la misma hora para ir a pasear.
En los meses venideros se fortaleció esa amistad, pero también se fortaleció la gran tempestad una época de lluvias, diluvios y más que hizo de la pradera un valle de ríos y nada más. Gripes, bronquitis, dolores, y algo de tos se empezó a escuchar. Indigestión, flatulencia diarreas y anemias padecían muchos en esta población.
No solo eso, sino que se empezaron a quedar sin sus bellas cabelleras Ni el alcalde girasol ni la enfermera rosa sabía que hacer, mucho menos don limón que estaba en el callejón, todos preocupados, despeinados, y marchitados se reunieron en el centro deseoso de ser escuchados.
El llantén quería decir algo pero todos angustiados no querían escucharlo, el llantén furioso de tanto desorden abrió sus hojas y todos quedaron asomados pues no creían que este pequeño llantén pudiera tener flores en su corona. Solo las plantas más sabias y altas podían tener tan grato honor. Todos en el centro quedaron en silencio y el llantén empezó a decir todo lo que el sabia. Poco a poco fueron curando todo lo que tenían con los tónicos y remedios que preparo el llantén no obstante necesitaban a otra planta que ayudara a la causa, fue entonces cuando llamaron al romero pues con sus propiedades curativas fue útil para la indigestión, la gripe, la calvicie precoz entre otros.
Desde entonces el llantén y el romero son muy amigos pues fueron ellos quienes salvaron a todos los seres vivos. gracias a ellos hoy en día el hombre los utiliza, en el caso del romero por sus propiedades estimulantes, tónicas, antioxidantes y depurativas en enfermedades Cómo fatiga física y psíquica, gripe, reumatismo, alteraciones circulatorias es muy importante pues es un gran estimulador yang. En cuanto al llantén como antibacteriano, astringente, antiséptico, antiinflamatorio, antitusivo, emoliente, diurético, expectorante, laxante y refrigerante, es útil para muchas patologías asociadas al reino del pulmón, el agua y la tierra.
Estas dos plantas son muy parecidas y distintas a la vez, es por ello que se complementan mutuamente conformando un tao de principios y beneficios.
Autora: Johanna Torres M.
Sus lindos colores hacían de sus vestidos una obra de arte. Unas eran tan bajas que sus raíces conformaban toda su estructura, otras eran tan altas que sus hojas alcanzaban la luz del sol, y algunas daban ricos frutos en épocas de primavera.
Sin embargo había dos lindas plantas que eran muy amigas una era el romero y la otra le llamaban llantén, estas dos plantas muy distintas entre sí se conocieron un día en la pradera, en este lugar habitaban muchas más criaturas pero era un lugar de plantas y herbívoros gigantes.
Había una vez un pequeño llantén, este era un poco tímido pues con 40 cm de altura casi nadie lo escuchaba, se la pasaba solo y aburrido, además todos lo molestaban pues sus grandes hojas asemejaban la forma de la planta de un pie humano.
Siempre que el caminaba con sus grandes hojas tapando su cabeza los demás hablaban y susurraban que era para pasar desapercibido, pero lo que no sabían es que este pequeño llantén escondía un gran secreto. Al otro lado de la pradera vivía un romero con sus muchos hermanos y hermanas todos con tallos leñosos y muy ramificados. Este romero le ponía su toque picante a todas sus actividades, era muy carismático y motivador pues tonificaba con su sazón a todos por montón. Era justo lo que nuestro amigo llantén necesitaba.
Caminando por esta paradera, las dos plantas se toparon entre si, y mirándose fijamente quedaron sorprendidas una de la otra, pues nunca en sus vidas habían visto una planta parecida, las dos empezaron a hablar y quedaban de encontrarse a la misma hora para ir a pasear.
En los meses venideros se fortaleció esa amistad, pero también se fortaleció la gran tempestad una época de lluvias, diluvios y más que hizo de la pradera un valle de ríos y nada más. Gripes, bronquitis, dolores, y algo de tos se empezó a escuchar. Indigestión, flatulencia diarreas y anemias padecían muchos en esta población.
No solo eso, sino que se empezaron a quedar sin sus bellas cabelleras Ni el alcalde girasol ni la enfermera rosa sabía que hacer, mucho menos don limón que estaba en el callejón, todos preocupados, despeinados, y marchitados se reunieron en el centro deseoso de ser escuchados.
El llantén quería decir algo pero todos angustiados no querían escucharlo, el llantén furioso de tanto desorden abrió sus hojas y todos quedaron asomados pues no creían que este pequeño llantén pudiera tener flores en su corona. Solo las plantas más sabias y altas podían tener tan grato honor. Todos en el centro quedaron en silencio y el llantén empezó a decir todo lo que el sabia. Poco a poco fueron curando todo lo que tenían con los tónicos y remedios que preparo el llantén no obstante necesitaban a otra planta que ayudara a la causa, fue entonces cuando llamaron al romero pues con sus propiedades curativas fue útil para la indigestión, la gripe, la calvicie precoz entre otros.
Desde entonces el llantén y el romero son muy amigos pues fueron ellos quienes salvaron a todos los seres vivos. gracias a ellos hoy en día el hombre los utiliza, en el caso del romero por sus propiedades estimulantes, tónicas, antioxidantes y depurativas en enfermedades Cómo fatiga física y psíquica, gripe, reumatismo, alteraciones circulatorias es muy importante pues es un gran estimulador yang. En cuanto al llantén como antibacteriano, astringente, antiséptico, antiinflamatorio, antitusivo, emoliente, diurético, expectorante, laxante y refrigerante, es útil para muchas patologías asociadas al reino del pulmón, el agua y la tierra.
Estas dos plantas son muy parecidas y distintas a la vez, es por ello que se complementan mutuamente conformando un tao de principios y beneficios.
Autora: Johanna Torres M.
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