Dicen que Dios da segundas oportunidades, e incluso terceras; también se dice que es el destino el que nos guía y que el libre albedrio es solo una farsa, que solo en momentos precisos y especiales uno puede girar todo, tomar consciencia y actuar de una manera antagónica ante el hado. Lo he querido cavilar, noche tras noche respiro un aire sucio, me sofoco y abro la ventana pensando en esa misma hora en que mi mente vaga en el océano del pensamiento y me encuentro en una isla desierta como naufrago alienado que toma un coco, lo agujera y le coloca una boca, una nariz y unos ojos para combatir la soledad es en ese instante en que me doy cuenta de la nimiedad de la vida, de lo infinitamente pequeños que somos en este universo plagado de estrellas, galaxias, universos…oigo a lo lejos el motor de un automóvil mientras cansado de dar vueltas y vueltas en la cama como lombriz con sal se fusiona con el sonido de una guitarra eléctrica formando una melodía anormal pero simétrica y en el fondo de mis reflexiones nocturnas todo es en el momento preciso. No antes no después.
Siguiendo esta línea sinuosa o este hilo del destino me ha conducido enfrente del cristal de donde aquella mañana mire a Jael. Los autobuses son animales mitológicos que conducen a la huida. Cierta ocasión escuche a alguien decir que era ateo, esta ideología post- moderna que se ha ido expandiendo en los últimos años, declarando que no creía en nada, pero si realmente esta incredulidad fuera máxima negaría la voluntad de dejarse llevar por alguien que tal vez finja saber manejar por razones ignotas o si en medio del camino un sincope fulminante acaba con la vida del chofer o vicisitudes similares o azarosas como estas le hicieran decir ¡Si!, no creo en nada. El autobús, los asientos, las ventanillas son verdaderas santuarios en donde la mirada se pierde y mira sin mirar asimilando en su interior un monólogo tragicómico, el tiempo se pierde en tantos pensamientos que flotan como burbujas de jabón y que explotan cuando se llega al destino. Es un lugar para filosofar y con esto no quiero que se malinterprete el estereotipo del filosofo griego con barba e himatión blanco caminando por las antiguas polis y debatiendo con los sofistas sobre el ser, estas ideas arcaicas hay que dejarlas de lado cuando se cuestiona la realidad y todo se lleva a parábola del pensamiento algo que cualquier ciudadano occidental puede hacer sin mucho esfuerzo. Este recinto sagrado fue la primera vez que la mire andando con un andar gracioso, temblando la mano al subir, mirando de reojo algún lugar vacío que tal vez no quisiera compartir con su soledad. Yo por otro lado infiriendo cosas, situaciones mirando unos ojos bonitos, anegados sin lagrimas saladas que queman la piel y erizan el corazón, pensando en un nombre, una dialéctica social por descubrir el nombre asignado por rasgos o por experiencia mirando en esos luceros unos ojos anteriores, a priori diría que Miriam, o tal vez Lucia, no esos nombres son demasiado comunes, viles. Espere el turno que sus ojos miraran los míos, se clavaran y con más indiferencia que interés me miraran con agonía. Tiene el pelo chino como medusa, los mechones le caen por la nuca como cascada de agua diáfana y pura, siguen por el cuello, pasan por los hombros y la espalda y la tocan suavemente. Es medusa y yo un basilisco que osaría a mirarla por la eternidad despojándome del miedo de convertirme en piedra inerte. El movimiento, todo es movimiento; más de 7000000000 de homo sapiens en movimiento, dicotomías de los mas extravagantes se mueven: masticando un pedazo de carne o verdura, las plantas creciendo, los girasoles guiando el recorrido del sol, el agua del rio mojando la tierra dándole de beber y clamando su ser, el olor a tierra mojada, la primera gota de agua que cae y deja una marca en la tierra como escupitajo, la saliva cambiando de boca a boca en una cama con olor a sexo y a carne y sangre. Sangre derramada, agua siendo bebida, emanaciones y aspiraciones de gases, dibujos, arte, sombras de sombras, copias de copias, televisores con imágenes de imágenes, fuego. Si mi memoria no me falla y si en este caso me ha fallado un poco y tergiverso la verdad sea por el bien de la literatura «o intento de literatura» quiero decir que esa mañana o noche, no recuerdo bien porque era un punto medio entre el sol y la oscuridad, eso sí había estrellas, y una luna en una conjunción planetaria con Venus, Júpiter y Saturno —Lo supe después que llegue a mi casa emocionado y lo investigue— demasiado extraña y hubiera pasado desapercibido el cielo si no es por otra casualidad. El amor te elige, tu no lo eliges y es una herejía pensar que uno escoge, los libros te eligen y llegan a ti en el momento exacto, un tratado alquímico, la lapis, el pragmatismo y el misticismo que por milenios el hombre ha intentado hallar la inmortalidad, del alma o del cuerpo. Ensimismado leía y no aparto mi vista más que para soñar despierto o dormido, o mirar algo que hurte mi atención y una vez prendada es muy difícil que la recupere, se esfuma como niebla en los cerros o agua que es evaporada después del que el rocío de la mañana besa el triste suelo; la mire, tal vez la había mirado en otras ocasiones, o tal vez en mis sueños. Aquella vez era un sueño no sabía si era de día o de noche, no logro distinguir si era un ente onírico o un ser de carne y hueso como yo.
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La valentía es una virtud que no se ha desarrollado en mi aún, escribo las cosas mejor que las digo, la legua se me traba, mi respiración se acelera, mis manías reflejan un nerviosismo delatador y no pienso lo que digo. A veces es mejor mirar, no violar esa barrera invisible, imaginar a través del cristal las mil y un cosas y dialécticas y estéticas que nuestros cuerpos aprenderían de una manera divertida sin tocarse, frotándose los dedos y jugando debajo de una mesa, debajo de una falda o un sostén, bajando un cierre; diciendo cosas sin palabras, creando un lenguaje sin sonido, donde las miradas griten lo que en el alma estalla, desnudándose el alma y el cuerpo con ojos limpios, sinceros y que diluciden un rostro al mirarse en los ojos del ser amado, un lenguaje que evolucione y en el paroxismo de la pasión se convierta en gemidos. Extrañarse en cada gota de sudor que destile el cuerpo, bañarse de recuerdo para entregarse de nuevo al amor. Tuve el coraje de hablarle y preguntarle su nombre, en ese momento no asimile su nombre, ni siquiera el mío, solo veía unos labios moviendo de arriba abajo, una cabellera teñida, unas gemas en lugar de ojos… después lo asimilé, pensé que no volvería a hablarle, aunque el día a día se obstinara en empujarme hacía su presencia física y en mi pensamiento anidara su imagen o su figura que qué problemas semánticos y semióticos me han traído.
¿Pero de que hablaría con ella? Cierto es que mi discurso es variado y cual si fuera camaleón se disfraza con lenguas pueriles y cotidianas con cierto placer en hacer esto, pero mi interior lo que en realidad me obliga mi corazón a decir tiene que buscar con lupa en el fondo del alma y escudriñarla. Cansado de esperar me senté al lado de ella pidiendo permiso y anticipar mi compañía y solté la lengua, encontré que le agrada la lectura, sus ojos iluminaron su rostro y hubo una expresión tan de niña como si me mostrara su nueva muñeca que me fascinó, y a la vez una mujer sensual en sus labios que me llevo a la exasperación, no dije mucho, solo lo necesario, me limite a callar y a oír, a todos nos agrada que nos escuchen y estoy dispuesto a quedarme sordo por su voz. Intente al paso de los días acercarme a ella, sin embargo, no eh tenida oportunidad, deseo mirarla de cerca y oler sus palabras tan llenas de ellas y llenarme de ella. Me queda mi imaginación, mi fantasía poco más sirve para crear diálogos y pasarlos a lenguaje, me queda mi cristal de autobús que se empaña al verla subir y en el escribo su nombre innombrable y profano a los oídos de mi somera realidad que alcanza a reflejarla en un espejo y multiplicar sus ojos hasta el infinito, me queda cada mañana, o noche, o sueño que me da la dicha de mirarla y verla sonreír de lejos, detesto el punto final en este relato soez pero lo hare por que me lo ordena la gramática ya que yo espero puntos suspensivos en esta historia.
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