El miedo no es libre
EL MIEDO NO ES LIBRE
Cuando estamos sometidos a unos bandoleros, simplemente nos encontramos a su merced, late de manera acelerada el corazón, la sangre fluye fuertemente y se te agolpa en las sienes, surge el llanto; y me pregunto ¿"el miedo es libre"?, de inmediato me digo: eso no es tan cierto.
Asimismo, son momentos que se hacen eternos, porque entre palabra y palabra, amenaza y amenaza, no sabemos que pasará al siguiente segundo, entonces caes en cuenta que tu vida está es sus manos, y terminas suplicando por tu vida y la de los tuyos.
De manera que, ante el miedo y la agresión, solo nos queda encomendarnos a alguna energía "divina" que haga ablandar el corazón de los delincuentes y estos terminen siendo bondadosos, y no tan rudos con las personas sujetas a su dominio.
Es así, como los ciudadanos de a pie, nos topamos con esta dura realidad cuando transitamos por las calles de la ciudad, expuestos ante cualquier facineroso que se nos cruce y hasta pueda acabar en un instante la vida de cualquier residente.
Surgen en esos terribles momentos: la impotencia, la rabia, el miedo, las preguntas: ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué fui tan imprudente? ¿Qué cosa tan terrible les pasó en su vida, para que terminen haciendo esto?
Mientras tanto, ves pasar a algunos gobernantes con incontables escoltas, ellos están protegidos por funcionarios que son pagados gracias a nuestro dinero, entretanto nosotros
Indefensos y expuestos.
Cuando estamos sometidos a unos bandoleros, simplemente nos encontramos a su merced, late de manera acelerada el corazón, la sangre fluye fuertemente y se te agolpa en las sienes, surge el llanto; y me pregunto ¿"el miedo es libre"?, de inmediato me digo: eso no es tan cierto.
Asimismo, son momentos que se hacen eternos, porque entre palabra y palabra, amenaza y amenaza, no sabemos que pasará al siguiente segundo, entonces caes en cuenta que tu vida está es sus manos, y terminas suplicando por tu vida y la de los tuyos.
De manera que, ante el miedo y la agresión, solo nos queda encomendarnos a alguna energía "divina" que haga ablandar el corazón de los delincuentes y estos terminen siendo bondadosos, y no tan rudos con las personas sujetas a su dominio.
Es así, como los ciudadanos de a pie, nos topamos con esta dura realidad cuando transitamos por las calles de la ciudad, expuestos ante cualquier facineroso que se nos cruce y hasta pueda acabar en un instante la vida de cualquier residente.
Surgen en esos terribles momentos: la impotencia, la rabia, el miedo, las preguntas: ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué fui tan imprudente? ¿Qué cosa tan terrible les pasó en su vida, para que terminen haciendo esto?
Mientras tanto, ves pasar a algunos gobernantes con incontables escoltas, ellos están protegidos por funcionarios que son pagados gracias a nuestro dinero, entretanto nosotros
Indefensos y expuestos.
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