Un solo labio, un solo diente,
una sola lengua peligrosa
que sin ser de ser de serpiente venenosa
golpea con el frío más hiriente.
Insistente como niña caprichosa
sin ninguna extremidad sobresaliente
más que sus manos aferradas firmemente
a su talle de muchacha buena-moza.
Su rugido es un corazón latente
de música tamboril y melodiosa
como piedras golpeando el torrente.
No es difícil compararla con la rosa
aunque un pétalo tenga solamente
sobre su tallo de madera generosa.
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