EL DESTINO DEL TRANSIBERIANO RUSO
PRÓLOGO: YAROSLAVSKY
Este viaje comenzó en la estación Yaroslavsky, situada en Moscú. Casualmente cuando la época helada iniciaba, noviembre había llegado. Todos allí tenían las botas mojadas por la nieve, mientras compraban bebidas calientes con tal de combatir el frío.
A Thomas Scarpelli le gustaba la puntualidad, y ese día lo más importante era llegar «a tiempo». Estuvo allí temprano, y aprovechó para sentarse en una banca  frente a la estación. Se aseguró de no estar olvidando nada, pero no tardó mucho en hacerlo. Sólo traía un portafolios, su bastón, y su sombrero preferido. Luego sólo le quedó pedir que su viaje estuviese libre de malos fortunios.
El tren tampoco tardó en llegar. Parecía una bestia gigante de metal, que expulsaba humo cuan dragón. Seguramente nadie podría detener tal monstruosidad desde afuera. Scarpelli se acercó al «ritmo correcto», pero antes de abordar vaciló. Aquel viaje sería muy largo y tedioso. Nadie sabía lo que encontraría, y menos, cómo acabaría. Pero el tren tenía que irse. El «momento» era ese, y no podía dejarlo pasar. Dio un paso obligado y subió sobre la criatura. Había cumplido su deber y aceptando la prueba.
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