El blanco de las letras:

verdadero problema del vacío.

No decir nada no es otra cosa

que la Inexistencia haciendo gala de su habilidad especial.

Y decir cualquier cosa pesa.

Pesa por la acción de la gravedad

sobre los efectos y seres que habitan la naturaleza;

pesa por la insostenible y constante vergüenza,porque todo tiende al Mal,

por la inminencia y preeminencia eterna de la monstruosidad.

Como humanimales,todo se reduce a efectos observables y causas burdas.

Nuestra percepción es limitada,

insulsa,

estúpida.

Cuando se trata de cambiar,todo vuelve a ser lo mismo, pero peor.

Las quejas son vanas:

te matan.

Se adueñarán de tu cuerpo en más de una manera.

Son fieras grotescas;

eso les bastará.

Un alma ni se vende ni se compra:

es un capricho ridículo,

inexistente al final.

Que pierdas la vergüenza es la misión principal de los sinvergüenzas.

Y más si ofreces algún espectáculo ante los ojos de esa porquería.

Buscan que no puedas refugiarte de su depravación inmunda;

que sucumbas al fango y te revuelques en él,

como esas bestias putrefactas que dicen ser seres con decencia.

Desidia.

Decepción.

Desilusión.

Por si no te has dado cuenta, el Todo nunca estuvo tan muerto.

Lo que emana de él no podría ser más infeccioso.

La percepcionalidad del vulgo se acentuó en su barbaridad:

ignorancia, cerrazón, idiotismo.

Borregos y fanatismos a la orden del día;

todas las porquerías y modismos.

No puedo sino pensar en el triunfoy despliegue posterior del bestial despotismo.

Brutalidad aplaudida desde realidades hundidas en la ruindad.

Bajeza por elección.

La lógica inmunda del lobo asesino,

del tigre destripador,

del gorila Alfa,

del Amo y Señor.

Todo está perdido para aquel que ser libre fue lo único que siempre quiso,

necesitó

y soñó.

Si creíste en un sueño, abandónalo y escóndete.

Al monstruo no se le gana.Puedes ser su sirviente o su alimento combustible.

Su espectáculo ambulante.

Sobre todo cuando quieras esconder tu desnudez obligatoria

y empieces a exigir un trato diferente al de esclavo permanente.

El fango pestilente que te cubre no será otra cosaque la prueba de tu estupidez y de que debiste haber sabido que la compasión no existe en el lenguaje de los carniceros.

Debiste entender, antes de abrir los ojos, que tu dignidad era el único tesoro que las bestias codiciaban, no para poseerlo, sino para verlo romperse. Exigir un trato diferente en el matadero es el último chiste que le regalas a tus verdugos.

Ahora la fosa está abierta.

Página 2

No hay cielo que responda, ni suelo que te sostenga, solo este murmullo espeso de la masa que aplaude mientras devora tus restos.

Te han convertido en parte del paisaje putrefacto. Te han diluido en su caldo de mediocridad y fango.

Y lo más terrible de la caída no es el dolor de los huesos rotos, sino el descubrir, con los ojos llenos de tierra, que al final del día ya no distingues tu propia carne de la mierda que te sepulta.

El silencio regresa, victorioso, a reclamar el blanco que las letras jamás debieron profanar.

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