Había un árbol, entre muchos árboles, en un bosque, entre muchos bosques. Pero este árbol era especial. Sus ramas, eran pilares que sostenían el cielo, y sus raíces, tuberías que alimentaban la tierra. Su tronco contaba la historia del mundo, y su savia era la matriz de la cual nacía la vida. Así es, este árbol era especial. Los ríos corrían a verlo, y las nubes flotaban maravilladas a su merced. El viento cantaba su nombre, y el sol dibujaba su silueta en la hierba. Entonces llegó el hombre, y no pudo ver lo que veía el rio, ni maravillarse como lo hacían las nubes. Intento cantar como el viento, y dibujar como el sol, pero todo fue en vano. Solo veía un árbol como muchos árboles, en un bosque como muchos bosques. Entonces el hombre lloró y se maldijo a sí mismo, y fue un poco más pequeño, y un poco más triste. 
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