ECOS EN MI ALMA MADRIGUERA
ECOS EN MI ALMA MADRIGUERA
Dejadme hablar, oh voces
que internamente
habitáis mi madriguera.
Quiero hablarle a Dios.
Dios, aquí has venido
silencioso, casi contemplativo
en la Nada que emana
de mi precaria existencia.
Hasta ahora me parece tan auténtico
esa cayado que emana de tu brazo,
y la reposada mirada que brota de tus ojos
despertando los senderos de mi vida,
que me dan ganas de cantar.
En torno a ti percibo
una alegre y profunda música
que envuelve a los pájaros angélicos.
Mi memoria siente ante ti
una infinita calma.
Pero soy ciego y prisionero
de las ácidas torrentes del apego,
y mi tiempo se deshilacha
en la vanidad de los cálculos.
Hoy imaginé si te has fastidiado
o si de pronto haces un juicio
para bendecir mi ciudad
y llamar a la gente
al Jardín de los Encuentros.
Me asalta repentinamente
y no sé si contrariado,
una extensa red de símbolos revoloteando.
Una mecha humeante desde el cirio
recuerda a mis ojos que ya llega
la hora del descanso.
¡Ah, voces de mi inhóspita madriguera
al menos ahora habéis poblado mi soledad,
con esta bella sed de esperanza!
E.D.A
Dejadme hablar, oh voces
que internamente
habitáis mi madriguera.
Quiero hablarle a Dios.
Dios, aquí has venido
silencioso, casi contemplativo
en la Nada que emana
de mi precaria existencia.
Hasta ahora me parece tan auténtico
esa cayado que emana de tu brazo,
y la reposada mirada que brota de tus ojos
despertando los senderos de mi vida,
que me dan ganas de cantar.
En torno a ti percibo
una alegre y profunda música
que envuelve a los pájaros angélicos.
Mi memoria siente ante ti
una infinita calma.
Pero soy ciego y prisionero
de las ácidas torrentes del apego,
y mi tiempo se deshilacha
en la vanidad de los cálculos.
Hoy imaginé si te has fastidiado
o si de pronto haces un juicio
para bendecir mi ciudad
y llamar a la gente
al Jardín de los Encuentros.
Me asalta repentinamente
y no sé si contrariado,
una extensa red de símbolos revoloteando.
Una mecha humeante desde el cirio
recuerda a mis ojos que ya llega
la hora del descanso.
¡Ah, voces de mi inhóspita madriguera
al menos ahora habéis poblado mi soledad,
con esta bella sed de esperanza!
E.D.A
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