Queremos ser felices con besos efímeros de personas desconocidas, agitamos nuestro alma y alborotamos nuestro corazón para para llegar al éxtasis del breve momento de ese presente sin valor que ansiamos vivir rápido, presuroso sin aspiraciones con respiraciones contadas, jadeos acotados a minutos, sueños perdidos en humos de una noche perdida, fracciones de nuestra existencia que desaparecen sin dejar rastros, fallas forzadas de nuestra memoria, economía de amor en una existencia capaz de torcernos, doblegarnos, masticarnos, corrompernos y escupirnos, donde nuestra única moneda de valor es ese sentimiento que atesoramos en nuestras entrañas y entregamos disfrazado de caricias y palabras melosas, una moneda que debemos gastar de a dos, pero entregamos poco y exigimos mucho justamente a una persona reflejo de nuestra propia persona que busca exactamente lo mismo economizando su tan preciada moneda, el amor.
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