Dos en uno
Y caminas por la calle
con los ojos nublados por el llanto
Mirando nerviosa la hora
Tocando innumerables puertas
Encontrando solo rostros insensibles
Rostros sin una sonrisa que te aliente
Miradas que te juzgan impasibles
Y otras que no ven el fondo de tu alma
Aquellas que solo observan
La arquitectura de tu cuerpo
Sin detenerse a ver tus manos
sin preguntarte tus deseos
Miradas de lascivia que desnudan ese templo,
que te hurgan con lúbricos pensamientos.
Tu semblante se ensombrece
Solo un deseo taladra tu mente...
Llevarle el pan a tus pequeños,
Eres padre y madre para ellos.
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Elizabeth A.Castillo Martínez
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