DORMIDO
 
De madrugada,
cuando al fin la ciudad quedó callada,
quise por esta vez no levantarme.
 
Me pareció mejor que la cortina
que finge el horizonte de tu alcoba,
posara en la  ventana su tejido
traslúcido  y el haz  de una  farola,
prestara tenue  luz a tu silueta
donde tibia reside  una amapola.
 
Decidí que es mejor soñar contigo,
Tendida verbo y piel  sobre la  alfombra,
mientras la lejanía y la vergüenza
que a veces te encadenan y  te arropan,
humildes se arrodillan ante el sueño
entregándote a mí, desnuda y sola.
 
Y me quedé dormido  nuevamente,
sobre el perfil etéreo de tu sombra
que llegó marinera hasta mi pieza,
silbando una perdida  barcarola
 
con un dulce murmullo entre los labios,
como el azul susurro de una ola
que pasa  remedando  la caricia,
que deja sobre el mar una gaviota.
 
Afuera, la ciudad que contamina
el aire y el color de la corola,
                   los ríos, y las flores  de los parques
y el verde colorido de su estola,
demuestran su estupor  ante la magia,
del sueño que en mi noche se interpola
donde tu cuerpo tibio se trasiega,
en la copa de amor que me acrisola.
 
Decidí que es mejor soñar contigo,
tallada en una nube  de escayola
y dejar mi silencio coronado,
con el dorado beso de tu aureola.
 
KARIM
 
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