DILEMA NOCTURNO
Nadie tiene porque entender a la noche,
Solo amar, en la oscuridad,
Sus lagrimitas de luz;
Su asombro de sombra muerta;
Su timidez de hueco deforme;
Su agreste silencio.
Sus lejanos ojos.
Al besar sus lunas tristes,
dormidas bajo el amparo
de los espejo de mis ojos,
me siento reflejado, repetido
en aquel infinito desgastado.
Nadie tiene que caminar sus caminos
De hielo
ni descarrilar sus deseos,
Si no siente un irrefrenable miedo
a perderla
en un amanecer desnudo de sus manos;
si no viene a beber
de la sordina tenebrosa que aminora sus dolores.
En cada tictac con olor a madrugada.
Bajo su manto
Hay una sombra que nos besa
Y nos regala una nueva pena.
Vestida de soledad
envuelta en tibiezas harapientas.
Una noche así ni se sabe… ni se piensa.
Solo, se toma, se ama o se deja.
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