Volvimos del camposanto, donde se quedó tu amigo,
Juntos vivieron la infancia, igual que la de otros niños.
Yo no quería que fueras. Por evitarte sufrirlo,
 hubiera sido capaz  de llegar hasta prohibirlo.
Pero estuve equivocada. ¡Me lo hiciste tan sencillo!
 Acompañaste a los padres y junto al  otro hermanito,
deshojaron rosas blancas, sobre el cuerpo del extinto.
  Era justo que estuvieras,  allí, para despedirlo.
Tienes apenas doce años y eres todo un hombrecito
solo tu mano, en mi mano, delató tu nerviosismo
y una palidez  de rosas, sobre tu cara de niño.
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