El mar rojo donde todo muere y nada vive, donde la tarde lo enfría y convierte en noche, su oscuridad llena las esquinas del vacio que dejaron los montes muertos, llenos de piedra arenisca y senderos de pasos flojos. Sobre la arena el día presenta un sofocante calor que deja seco hasta el más jugoso fruto del bosque tropical. Mi vida es su vida, desde el crepusculo hasta el alba.
 
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