Solo yo conocía lo que adentro surgía,
más indiscretas frases, imitando miradas,
que yo creía secretas y bien disimuladas
fueron interpretadas por tu alma vigía.
Entonces,
Solo ella y yo supimos lo que ignoraron todos
cuando nos saludamos cual par de conocidos
sin dar señal alguna del falso estoicismo
que cubría nuestro gesto de ánimos caídos.
 
Solo tú y yo sabemos por qué mentir al mundo
con historias que surcan espacios paralelos
y que a veces se tocan, sin mostrar los anhelos
de nuestros corazones, que ahora laten juntos.
 
Solo tú y yo sabemos mantener apariencias,
aún cuando el calor de algún beso reciente,
transforme el deseo en sensación urente
que quiere con un grito romper las apariencias,
desesperadamente.
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