La veo por la ventana, nunca se percata de que estoy aquí.
Ella forma parte de mi vida, le adivino lo que siente al ver su rostro, son muchos años observandola a través de mis cristales.
Veo que da tumbos, tiene cara de desesperación. ¡Oh! Si me atreviera a acércame.
Se ve las manos llora sin parar, me asusta; sus dedos, sus dedos se están convirtiendo en cuchillas. ¿Dios, qué va a hacer?
Clava sus dedos  en su pecho. Lo hunde. Brota la sangre a borbotones. Impávido, no dejo de mirarla; con furia arranca su corazón. El horror se apodera de mí; lo levanta y de rojo se va abrillantando su color. Se vuelve de acero. Grita con dolor, moribunda, leo sus labios, es mi corazón de madre.
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