Me encontraba perdido y sin rumbo
en un páramo de fuertes vientos huracanados,
y para tratar de proteger mi alma, mi cuerpo y mis sentidos,
creé fantasmas de imágenes y rostros conocidos.
Con el fantasma de la distancia puesto en mis pensamientos,
protegí mi tacto, mi olfato, mi cuerpo.
Con el fantasma de lo imposible puesto en mis sentidos,
protegí mi espíritu, mi locura, mi mente.
Con el fantasma de la bondad instalado en mis sentimientos,
protegí mi entrega, mi ternura, mi piedad.
Con el fantasma del amor puesto en mi corazón,
protegí mis caricias, mis cariños, mi pasión.
Así, como rocas fui encajando fantasma con fantasma,
rodeándome de una muralla que impedía al viento penetrar.
Me senté en el medio de ese castillo, no había viento,
silencio, silencio, silencio, soledad, soledad, soledad.
Transparentes fantasmas me mostraron un reflejo,
a la distancia había una luz, era un espejo,
y vi, los vientos de miedo me llevaron a no salir,
nunca había abandonado mi propio espacio
y con fantasmas, como un niño, cree un castillo
dentro mío para poder protegerme de mi.
Me encuentro perdido y sin rumbo
en un páramo de fuertes vientos huracanados,
un desierto imposible, una coraza, un castillo.
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