No hay sustantivo
que nombre con certeza
la impunidad.
No hay adjetivos
para describir el horror.
No hay verbo
que invoque acción tan repudiable.
Cuarenta y tres veces
cerré los ojos para estar con ellos.
Cuarenta y tres veces anudé
mis manos a la espalda,
para sentirme como ellos.
Cuarenta y tres veces recé.
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