Crueldad gratuita
Había una vez una linda casita de madera abandonada. Al Tiempo le pareció orgullosa y desafiante. La miró enojado, pero esperó paciente con una sonrisa maliciosa.
Implacables, el viento furioso no dejaba de golpearla, la lluvia cruelmente la debilitaba y el Sol la estrujó hasta secarla. ¡Bah, no hizo mucho ruido! -Se dijeron cuando se desplomó-. El Tiempo se mantuvo paciente.
Unos jóvenes en invierno, al ver los escombros hicieron una gran fogata y danzaron para alabar al dios Viento, a la diosa Lluvia y al dios Sol. Cuando todo se redujo a cenizas, los jóvenes y los dioses se marcharon. El Tiempo lo hizo al último, riéndose satisfecho.
Implacables, el viento furioso no dejaba de golpearla, la lluvia cruelmente la debilitaba y el Sol la estrujó hasta secarla. ¡Bah, no hizo mucho ruido! -Se dijeron cuando se desplomó-. El Tiempo se mantuvo paciente.
Unos jóvenes en invierno, al ver los escombros hicieron una gran fogata y danzaron para alabar al dios Viento, a la diosa Lluvia y al dios Sol. Cuando todo se redujo a cenizas, los jóvenes y los dioses se marcharon. El Tiempo lo hizo al último, riéndose satisfecho.
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