Veo nuestro cielo con un aguijón
Entre las cortinas que separan
La luz de día que entra por la ventana
Y la sombra negra de tu mirada,
 Veo la intención de la triste belleza
De enredar tu rostro en su pincelada,
Mancharte con aromas, teñir tu cara
Y llevarte lejos más allá de la mañana.
 Ay si nuestro universo tembloroso y frio,
Nuestras maneras de llamar al amor,
O nuestras fuerzas pobres de ganas y valor;
Gritasen a una, por esta habitación.
¿Hay dolor más profundo que el mío?,
¿Hay una agonía más eterna y ruin?,
Seguro no hay muertos mirándose morir,
Seguro no hay confinados consientes por ahí.
La noche en su profundidad mayor,
Sola reclama al día absolvente
Y se deshace de a poco en gotas agónicas
Que detrás de una sombra resisten inertes.
Y otra vez aturden sus miserias,
Las viejas agonías con su  burda milonga,
Rasguña el vidrio un libro de girones,
Vuelven como al vomito los perros de la bronca.
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