- La indiferencia te tranquiliza.
- Tal vez, claro, depende de tu concepto de tranquilidad, porque no enterarte de nada o peor aún, intencionalmente no enterarte de nada, poco tiene que ver con la tranquilidad.
- Estás tranquilo porque nada te preocupa o al menos no alcanza a provocarte intranquilidad.
- Te sustraes de la realidad que, aunque se escuche sencillo, no lo es. Además, no es la mejor manera para estar tranquilo. Tarde o temprano, la realidad aparecerá.
- Es el momento cuando la indiferencia, que tanto te socorrió, deja de ser una escapatoria.
- La indiferencia te esconde los problemas, pero no te libera de estos.
- De acuerdo, porque hay situaciones en las cuales la indiferencia no aplica, porque si osas intentarlo, las consecuencias serán terribles, peores que si hubieras enfrentado la complicada situación directamente.
- Lo sé. Son aquellas situaciones donde no atenderlas directamente te afectará inmediatamente. Son situaciones de salud, familiares, laborales e incluso financieras.
- Correcto. La indiferencia como escape, sólo te funciona cuando, aunque podría afectarte la solución no está en tus manos o la ocurrencia es remota aún.
- O se trata de una situación que no te interesa.
- Bueno, la mayoría de las veces, cuando no te interesa, ni siquiera te enteras.
- Cierto, pero eso no tiene nada que ver con la verdadera tranquilidad.
- Nada, porque la indiferencia puede considerarse un aplazamiento que te mantendrá tranquilo.
- Sí, pero sólo temporalmente, nunca de manera definitiva. Por esto mismo, la incontrolada realidad siempre aparece cuando menos la esperas.
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