La quiso; la amó y se olvidó del tiempo.
Se olvidó que el tiempo,
es mucho más viejo que el mundo,
y por lo tanto más sabio,
más calmado y más profundo.
Vio las golondrinas regresar, anunciando el verano
Pero no escuchó las palabras, envueltas entre su lengua.
Tampoco el susurro escondido en las noches amorosas,
y mucho menos el clamor ardiente a la luz del día.
Porque jugaba con ella a mordisquear su cuello
Porque retozaba con ella acariciando sus orejas
Porque se divertía con ella besando sus hombros
Por que jugueteaba con ella, a encender sus deseos.
Las auroras fueron crepúsculos y
los crepúsculos se convirtieron en albas.
El amor  fue un portal de par en par,
que ambos cruzaron  desnudos;
ella fijando su imagen,
su olor y el sabor de su piel,
en cada átomo de él;
él, fue el lienzo; la piedra; la madera,
el paño soñando ser pañuelo.
Sin pensar, nunca, en ser el trapo,
rodando por el suelo.
Amanecidas bajo el claror de la luna y
bajo un sutil roció.
Envueltos entre sabanas caídas,
reventando granos de trigo.
Amada y amante, como la luna distante
Allí se olvidó, que el amor verdadero,
casi siempre esta, en quien nos quiere,
y casi nunca, en quien nos gusta.
Se fueron las golondrinas,
y los nuevos brotes de caoba, perfumaron la brisa;
de lo amargo y lo astringente.
El lamento triste de la ponchita, cruzó los matorrales.
En el aire símbolos y señales
Olor a tierra mojada,
cosecha que madura en el vientre.
equinoccio de primavera; vuelven las flores,
vuelven las abejas,
y vuelven las sonrisas de la gente
y él no comprendió, no advirtió y
se olvidó del tiempo,
que le murmuraba al oído;
quien nos quiere de verdad,
se siente atraído y hambriento,
de unirse en el fuego sagrado,
del amor eterno;
Quien nos gusta,
es una bala perdida,
sin dirección, ni sentido,
es como jugar,
a la ruleta rusa.
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