Fue el ocaso que tiñó el acaso de púrpura y cielo.
Más allá de las cumbres, el alto cielo del cóndor/ volvió a borrar los confines/ en nubes estelares/ en remolinos cósmicos/ en vientos de vuelo de pájaro sagrado
El Ave renació/ y el Espíritu del mundo/ se recreó en el ave/ y más allá del vuelo, las nubes, los altos picos nevados/ y más acá y por detrás de la geografía/ del espacio ilimitado/ de la llama violeta consagrada al presente/
gélida y detenida, como un faro/ el ave abrió sus alas de ónice y diamante/ Y voló renovada/ voló hacia arriba y hacia adelante/ como crece la vida, como se abre paso/ lo que está llamado a nacer y a crecer y a existir.
Voló amando, y se perdió así
entre las cosas fugaces/ Y no dejó de ser/ Desde y hacia el Vacío/ Madre insondable del origen/ y de todos sus hijos
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