El sueño no conoce límites más allá de sus propios deseos.

El tiempo se proyecta infinito por medio de la calidez de un gesto, la cercanía de un abrazo, la fugacidad de un pensamiento.

Ese pensamiento, lejanía.

Un pensamiento de dos, compartido.

El tú distante que compartía conmigo sus medias verdades, a fin de encontrar en el silencio alguna respuesta que aclarase sus dudas;
Yo sigo abrazando este sueño en la lejanía.
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