Carta para Artigas
Es que no puedo sacármela de adentro mano, es una maldición esto de mi destino.
La hago aparecer en cada momento de espejos y cuando puedo no tenerla la busco, la espero sucio, mano.
He dejado de lado mis sueños de años un par de días y comienzo a pensar en normal.
Hoy mi cuerpo está como siempre quise, barbón y con pensamientos olor a tierra.
Borracho, desde cuando aprendí a escribir.
Y es que no puedo sacármela de a dentro manito, no quiero.
Invento historias de seres que me acompañan inexistentes, invento nombres de mujeres extrañas, pobre de mí también.
Lo único que alcanza a llamar mi atención ahora son algunos de tus textos hermano Artigas.
Que donde estoy, que donde pertenezco pregunta mi sueño y las respuestas que me dan los dioses nadie cree, aunque estén a mi lado mirando, no los ven.
Norte, sur, centro, lejos de la gente, porque no me gusta como miran, sin piedad.
Y no pude toda la noche sacármela de adentro manito.
Raúl Pescador dice que eso de la tristeza solo cabe en el alma de los viejos como él y le digo que no es cierto.
La otra noche la he soñado, he mirado horas su carita reflejada de luna bella en la almohada frente a mí voz profunda y he tenido tantas ganas de besarla, pero no me he atrevido para no molestarla.
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