En una carretera
donde el asfalto
no pareciera tener fin,
el aire del desierto
espanta a una iguana
que dormía solazada en su vera,
El desierto en sus costados
imanta con su magia de la ausencia.
Metálicos colores del atardecer
cubren los cerros
y los cactus
que parecen dedos
rasgan el cielo
y auguran la huida final.
En el sur también existe el desierto.
La vacuidad extrema,
que los ojos llegan a herir
para alcanzar el horizonte.
Allí un zorro te mira
soslayando lo que escondes en secreto.
Y el frío bajo cero de sus noches
hielan hasta las esperanzas.
Huyo en ti,
detrás de una camioneta,
abrigada de tu aliento.
me dejo atrapar en esta velocidad.
El fuego de la huida nos alberga.
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