En este verano de 30° centígrados, en esta Lima cada vez más caótica y llena de mierda, de días tristes y noches horribles, 2 huevones se habían reencontrado después de tantos años.
 
Ya íbamos por la docena de cervezas consumidas, libando como tontos, en medio de la acogedora sala de mi gran amigo, se oía una agradable salsa sensual como fondo de nuestra conversación, y sin estar complemente borrachos ni delirando fantasías, estas12 botellitas nos habían ayudado a recordar cosas que habíamos vivido en nuestra niñez y adolescencia, esas experiencias jodidamente buenas que nos hicieron, en parte, lo que somos hoy. Desde la primera vez que le vimos el calzón de una amiguita, pasando por los partiditos de futbol que casi siempre acababan en bronca, hasta el primer beso con lengua que dimos, tal vez no con la más bonita, pero si con las más positivas.
 
Kelly era mi mejor amigo desde los 8 años. Un flaco que desde siempre me demostró ser un tipazo “A1”, sin temor a equivocarme, un caballero desde sus años mozos hasta la actualidad. Aunque siempre fue motivo de burla por los otros miembros de la mancha, por su nombre de mujer, su contextura súper delgada, su pasividad ante las burlas,  eso no quitaba que era un tipo alegre, siempre dispuesto a ayudar a sus amigos, especialmente a mí.
Nos rencontramos por esas casualidades de la vida, 20 años después de la borrachera más épica que tuve en mi edad de bohemio misio, cuando el vino barato, el aguardiente y la muerte lente (un licor preparado en las cantinas más miserables del barrio) era nuestra bebida corriente, y la cerveza se consideraba un lujo para ciertas ocasiones especiales y trascendentales.

- ¡Has engordado un huevo tío! - exclamo Kelly, echando una carcajada al terminar su vaso de cerveza súper helada - ¡Pareces una vaca!
- ¡Un toro querrás decir! - Me apresure a corregirlo, mirándolo divertido, al tiempo que palmoteaba mi vientre - ¡Acá solo hay musculo!
- ¿Y esa panza?
- ¡Un poco de felicidad, combinada con alegría, tamales y mucha televisión! - Respondí, mientras me servía otro vaso lleno de la deliciosa rubia, dejando la última botella de cerveza vacía.

- Tantos años - Kelly me vio a los ojos, con la misma naturalidad de hace tanto tiempo. - Ya estamos viejos, nos casamos, tuvimos hijos... ¡Estamos cagaos! - Y echo una carcajada triste, mirando esta vez al suelo.

Página 2
- Bueno; casado no, separado es más correcto; viejo, obviamente; hijos, pues si, afortunadamente; y lo de ¡Cagaos!, definitivamente - Y ambos nos lanzamos a echar una risotada que duro varios segundos.
 
- ¡Se acabó el trago, mi estimado Perro Flaco – Este era el apodo de niñez de mi entrañable amigo - ¡Creo que se acabó la celebración del reencuentro!
- ¡No, no! - Se apresuró a contestarme, al tiempo que se levantaba torpemente, dirigiéndose a una pequeña vitrina al final de la sala. - ¡Tengo un pisco acholado virgen, Goyito!
-¡No seas malo! - dije mientras hacia el ademan de levantarme del sofá -¡Ya nos tomamos dos botellas de ese vino dulce, una caja de cervezas y ahora quieres que la cortemos con Pisco!, ¡Mañana tengo que trabajar!

Sin esperar respuesta, Kelly ya se encontraba llenando 2 vasos de la bebida espirituosa, a ras de pico.
Alzando su copa, mientras yo levantaba la mía, pronuncio un ¡Salud! a todo pulmón, chocamos vasos y de un tanganazo se bebió todo el aguardiente. Aunque no tenía mucha cultura etílica en bebidas que no sean cerveza y tragos baratos, sabía de sobremanera, que el Pisco se bebe a besos, es decir, a sorbos, cosa que hice mientras que mi entrañable amigo se servía su segundo vaso.

-¡Vamos Goyo, no me decepciones!, - por un momento pensé que su cabeza se desprendería de su raquítico cuerpo, por la vuelta de 180 grados que dio para decirme: "Hoy quiero olvidarme de todo"

Mi viejo amigo estaba mal, aunque nuestra charla había girado en torno a nuestras aventuras y desventuras adolecentes, sentía que él deseaba decirme algo, que al parecer lo hacía comportarse como un huevonazo.
 
- Mira viejo, creo que has bebido bastante y la verdad, ya es tarde, no quiero que tengas problemas con tu esposa.

-¡Esa perra!, ¡ESA MALDITA PERRA!, -Grito en dirección al cuarto donde ella se hallaba durmiendo, pues eran más de la media noche y aunque estábamos en su sala, el dormitorio no quedaba tan lejos, así que la intención era despertarla o al menos que sepa cuánto la despreciaba.
¡Perra!, llamo perra a la popular “Care Zapato”, aquella hembra de generoso trasero, que alguna vez provoco en mí una que otra incomoda erección - no me la nombres, ¡Hija de puta!, ¡HIJA DE PUTA!, ¿Cómo es posible?, ¿Cómo pueden existir mujeres así? - Kelly se dejó caer, hundiendo  el rostro entre sus piernas, mientras sus brazos se entrelazaban entre ellas, por debajo de las mismas.
Página 3
Había apretado el botón equivocado, y la verdad no deseaba a quedarme a ver el desenlace de este drama doméstico.

- Oye Kelly - Casi nunca lo llamaba por su nombre, pero en esta situación no sabía cómo actuar - Estas bastante confundido, creo que mejor te duermes, ya mañana conversamos.

- ¡Tú no te vas! - Al tiempo que se reincorporaba torpemente y se servía  otro vaso de Pisco - ¡Quiero beber y beber hasta morir!

-¡Como la canción! - Interrumpí, tratando de imprimirle algo de humor a una escena que carecía de toda alegría.

- ¡Exacto!, jamás dejes que las mujeres dominen tu vida Goyo, jamás dejes que ellas decidan algo sin consultarte primero y ¡Jamás!, escúchame bien, ¡Jamás! - Levantando el índice derecho al cielo, mientras su mirada perdida buscaba la mía - permitas que traigan a su  ¡Primito, a tu casa!, hija de puta, ¡Lo hacían en mi propia cama!

 Carajo, pensé al tiempo que lo miraba con lastima al pobre Perro Flaco, estoy recibiendo más información de la que necesitaba y deseaba saber;  como librarme de este lío, no quería seguir escuchando confesiones incomodas de mi viejo camarada, pero cuando menciono al primo de su mujer, y recordé el culo de Lucero, mi lado mórbido salió a flote y en automático pregunte:

- ¿Su primo?, no jodas, ¿los viste en tu cama?

- ¡No! - Su negativa fue enérgica, mientras terminaba de beber su cuarto vaso de Pisco - Nunca los pude sorprender, pero yo sé que ella se revolcaba con esa mierda, lo supe todo cuando ese hijo de puta olvido su celular.

- ¿Qué pasó? – Nuevamente mi lado enfermo me domino y pregunte en automático, sin poderme contener.

- Ese día dejo cargando su celular en la sala, mientras dormía; la puta había ido al colegio a recoger a mi hija, no sé, cogí el celular, me puse a curiosear y, la vi, era Lucero desnuda, ¡La hija de puta estaba calata!

- Pero tal vez se las tomo sin que ella supiera, en ese caso tu esposa no tendría culpa alguna. – No sé porque dije eso, pareciera que estaba de parte de la culona.

 - ¡Se la estaba mamando! - Grito al tiempo que dejaba caer su vaso y sufría un desmayo etílico - ¡Mi hija!, mi hija, repetía lentamente el pobre flaco.

Página 4
Ya no era necesario seguir contándome mas, sabía de sobra el final del relato, por amor a su hija, Kelly había perdonado a la adultera y habría, supongo,  botado al primo; pero sé por experiencia propia, que la espina de la traición nunca sale del todo, y siempre será recordada de vez en vez, de cuando en cuando, como esta vez, tras vino, cerveza y media res de Pisco.

-Puedes dejarlo en la cama- La voz de Lucero me cortó el mareo de porrazo.
Tome a mi amigo sin mucho esfuerzo, por lo esmirriado de su cuerpo y la inmensidad del mío, era como cargar a un bebe y, delicadamente lo deposite en aquella cama que sirvió de escenario para su tragedia.

- Ok Lucero, me voy, cuida…
 
- No te vayas, ya hablaste con Kelly, ahora habla conmigo – Me detuvo sujetando mi brazo izquierdo con su mano ya la vez que me decía esto, me conducía al sofá, a su vez que ella se sentaba junto a mí, y su mano, se deslizaba sobre mi muslo.
 
- ¡Me siento sola! – Lucero apretó fuertemente mi pierna,  mientras me miraba intensamente con esos enormes ojos café, de largas pestañas caídas, esas sexys ojeras que le conferirán cierto aire de tristeza excitante – No sé porque lo hice, lo que paso – En esta última frase, casi ininteligible, su rosto se puso a 5 centímetros del mío.
 
- Él trabaja mucho, a veces ni me toca, ¡YO SOY MUJER, CARAJO! – Esto último lo grito, mientras caía una leve lágrima – Quiero un hombre a mi lado, un verdadero hombre a mi lado.
 
Maldita Care zapato, ¡Que hija de puta!, me dije para mis adentros, como puede traicionar así al único hombre que la respeto y la llevo al altar, Lucero era de nuestra cuadra, en mi juventud perdida, supe de su vida, obra y milagros, la lengua más rica de la cuadra, de cara alargada, tenía el culo más deseado de todo “El Cerro”.
 
- Lucero – le dije tranquilamente, mientras le retiraba la mano de mi pierna – Yo no tengo vela en este entierro, los problemas con Kelly son de ustedes, y como no quiero incomodar a nadie, ¡Me voy!
 
Página 5
Rápidamente, Lucero se puso delante de mí y recién ahí, en esa precisa situación, puede darme cuenta de algo, la maldita no traía sostén, solo un baby doll con un calzón que a trasluz, la hacía sacar unas curvas de ensueño, ¿Cuándo se había puesto tan buena esta tía?
 
- Gregorio, no soy una mala mujer, ni una bruja, ni santa, ni puta, ¡Solo una mujer! – Me miro nuevamente con esos ojos de profunda tristeza, que hicieron de mi erección algo incontrolable – Dime algo por favor Gregorio, dime algo que me voy a volver loca.

Todo esto era demasiado para mí, el sudor empezó a caer indiscriminadamente sobre mi rostro, mi cuello, mi pecho, todo; sumado al licor que estaba causando estragos en mi cerebro, y mi maldito pene que parecía tener vida propia. Esta maldita “Care Zapato” había traicionado a mi amigo, a mi mejor amigo, no conforme con eso, se presentaba media calata frente a mí, esperando que pecara; no pude soportarlo más y enérgicamente, en un acto de reivindicación a la hombría de todos los machos del mundo, a medida que me sacaba el polo empapado en sudor y me ponía de pie, le respondí enérgicamente, algo que ya le había dicho muchas veces años atrás:

- ¡Bájate el calzón de una puta vez! 
2240

Cargando comentarios...