Desolado estoy, y el mundo se apaga,
surco mi odisea sin hallar el fin.
Calmo es mi paso, firme mi esperanza:
sé que he de llegar... pero, ¿a dónde ir?
¿Dónde dejaré mi carga doliente?
¿Dónde repondré la vida que se escapa?
Solo me hallo, en mar de horizonte abierto,
y a Poseidón ruego: que ahogue mi alma.
En mis pensamientos naufragué sin tregua,
y de mis tierras ya no queda el eco.
Seré centinela, velando en los cielos
a aquellos que amé... desde lo eterno.
¡Oh diosa mía, a quién he de extrañar
si tú, mi destino, me diste el vacío?
Mi fe se agota, y ya no hay proeza
que por mi vida clame al universo.
A tierra firme mi anhelo se lanza:
que el suelo recuerde que fui alguien vivo.
¿Me has abandonado, sombra divina?
Este infortunio será mi final.
Dejé de ser lo que un día soñé.
Ahora soy solo…
un hombre olvidado
por la memoria
del mar.
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