Se mecía el pasto verde
entre mis grises susurros
escuchando, escuchando
Acariciando mi mundo.
 
Equilibrando su ritmo
Con mi ansiedad destructiva
arrullando, arrullando
mi tristeza de colores.
 
Asombrados me miraban
sus cuerpos de puro verde
y se alimentaban del mío
y lo volvían más fuerte.
 
Y así contando, cantando
me levanté en los umbrales
y me uní a su danza
de una armonía perfecta.
 
Ya no hubo ausencia
sólo canto verde
y una blanca, azul danza
llena de calma solemne.
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