I
Yo soy la que brota,
no por herida vil,
sino por destino elegido.
No fui derramada,
fui llamada.
Subí por su brazo tenso,
y salté al mundo con el grito del cuerno.
II
Vi la roca,
vi la espada que no quiso quebrarse,
vi el cielo torcido por la espera.
Yo lo cubrí todo.
Me mezclé con el polvo,
me bebió la tierra,
y aún así,
no dejé de cantar.
III
Él no cayó en silencio.
Cada gota mía era un nombre,
una promesa,
una plegaria que no pidió salvación,
sino recuerdo.
IV
Fui tinta en la historia,
no lágrima.
No fluyo por dolor,
sino por gloria.
Soy su legado rojo,
la rúbrica del valor
sobre la piel del tiempo.
V
Yo aún habito en las piedras de Roncesvalles,
y cuando el viento silba entre los árboles,
soy yo quien murmura:
“Aquí sangró Roldán,
no por derrota,
sino para hacerse eterno.”
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