El día siguiente le trajó una sorpresa a Drew: una llamada de la empresa a la que había ido. Le pedían presentarse a la brevedad posible. Cuando le dijo a su hermano lo que iba a hacer, este dijo:
-Anda, ve. Yo llevaré tus cosas.
Drew le tomó la palabra a Jonathan y salió disparado hacia la empresa. Se sentía emocionado.
Lo condujeron con el hombre del día anterior, él lo miró y dijo:
-Andrew, seré sincero contigo. Tu desempeño en la prueba de ayer fue excelente, ya que fuiste el mejor. El problema es que ya tengo a alguien trabajando en el área donde podría contratarte.
Drew sintió una fuerte opresión en el estómago. 
-Entiendo- dijo."Adiós al empleo", pensó apesadumbrado.
-Lo que puedo hacer es lo siguiente- dijo-. El chico que tengo tiene mucho trabajo y no puede ponerlo todo al día, así que te ofreceré un contrato como independiente.
-¿Independiente?- repitió Drew, animandose.
-Así es. Lo que significa que pondras tus propios horarios y tendrás una paga un poco más elevada que el resto. ¿Qué dices? ¿Aceptas?
-Sí- dijo Drew-. Claro que acepto. ¿Cuando empiezo?
-Mañana mismo. Hoy arreglaremos tu contrato y tus horarios, si te parece.
Drew asintió con la cabeza. Estableció tener un horario corrido con una hora para comer de siete de la mañana a cuatro de la tarde. Luego le presentaron a su compañero. Era un muchacho de complexión menuda, piel pálida y cabello negro que se presentó como Daniel.
Cuando salio de ahí, se dirigio a la casa. Se sorprendió de ver solo sus cosas dentro de la casa. Al instante recibió un mensaje de texto de su hermano que decía: "Instalate tú primero. Yo tardaré un poco". Le pareció raro pero tampoco le pareció extraordinario. Era típico de su hermano.
Recorrió la casa, buscando el cuarto que sería el suyo y escogió el que tenía una ventana que daba a la calle. Ahí llevó sus cosas.
"Lo único que faltan son los muebles", pensó mirando la estancia desprovista de mobiliario. Luego se imaginó vivendo ahí, permanentemente.
Igual que el día anterior, comenzó a llover. Drew buscó su chaqueta entre su ropa, se la puso y salio a la calle.
Uno de sus pasatiempos era caminar bajo la lluvia. Lo que comenzó como una llovizna pronto se volvió una tormenta, pero eso no le importó a Drew, que disfrutaba del agua y del paseo por las calles desiertas de la ciudad. Al pasar por una calle, oyó una voz, al parecer, alguien cantaba.
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Intrigado, Drew siguió el sonido de la voz hasta llegar a una casa con una fachada café, y al asomarse por la puerta de la cochera, vio a Lara. Ella cantaba mientras lavaba platos. Cada tanto daba alguna vuelta, un ligeto salto o bailaba, a veces se quedaba quieta o se balanceaba ligeramente sin interrumpir su labor y sin importarle la lluvia.
Drew la observó fascinado durante un tiempo, luego siguió su camino. Después volvió a casa y se cambió de ropa.
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