La puerta
 
 
Entrada la noche, desde la puerta, se contempla la luz de esa farola orgullosa y esbelta, que lidiaría con la luna, para robarle protagonismo y belleza, engañosa tal vez… Hiciera pensar que el Sol aún está en “su calle”, en la calzada de adoquines o en sus aceras; pero las sombras son otras, la vía solitaria, casi, es eterna.
La oruga de luces acompañan en la distancia, a las cada vez más difuminadas fachadas. Con  el silencio y la calma, las gentes sueñan en sus casas, con las vidas dormidas, los hogares en calma. ¿El zaguán esperará la claridad de la mañana?
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