Cada ciudad puede ser otra dijo el poeta , menos la mía digo yo ; será que mi ciudad se transformó y no lo noté? Tal vez no quise notarlo … aún recuerdo cuando el almacenero o abarrotero era esa persona detrás del mostrador que tenía absolutamente todo lo que necesitábamos , ese mostrador que mostraba  frascos tentadores que nos hacían jalarle el vestido a mamá ,  esas cajas de latón con ojos de buey para  que la duda  de saber si quedaban de nuestras galletitas favoritas se evacuen con solo una mirada , ese cuaderno que más de una vez quedaba sin tacharse pero con el que siempre un vecino podía contar si no había llegado su salario a tiempo … si , ese almacenero , donde quedo ?  será que la ciudad ya es otra y a él se lo habrán llevado a otra ciudad que es otra ahora y antes no tenía almaceneros?  Será que en esa ciudad que ahora es otra mi almacenero tiene largas filas de clientes esperando, como fue aquí , donde la espera siempre era amena ya que estaban sin faltar  a la misma hora nuestro amiguito de la vuelta , nuestra vecinita de la otra calle que no nos saludaba  pero la amábamos profundamente casi todos los chicos de la cuadra y hasta esa señora que por alguna extraña razón siempre nos preguntaba por papá , mamá , los tíos los abuelos y hasta  los primos que aún estaban en la panza de la tía, por otra extraña razón esa señora estaba siempre en el almacén, será que se olvidaba lo que tenía que comprar y tenía que volver y volver como me pasaba a mí cada vez que no quería anotar la lista que mi mamá dictaba, si claro , más fácil era cuando no sabía escribir y sólo le daba a Jorge la listita de puño y letra de mamá, cual habrá sido su apellido, ?digo , el de Jorge  … .Será que cambio la ciudad y no lo noté ? será que tenía razón el poeta?  Ahora que lo pienso ,  busco la galletas en góndolas donde a veces pierdo el tiempo dudando vaya a saber porque razón, no hablo con nadie en las filas de cajas que dicho sea de paso  son muchísimo más lentas y tediosas que las de aquella almacén  a pesar de que son cientas de personas trabajando, donde a veces me atiende el hijo del almacenero que no me reconoce , pero sé que vive donde vivía su padre , en la casa que su papá construyó mientras su tienda tenía largas colas de clientes, será que su trabajo le permitirá construirse su propia casa? Y si le cuento que yo iba al almacén de su papa y que cuando no tenía dinero lo anotaba en un cuaderno, que mi mamá nunca dejó de pagarle aunque la cuenta que ella llevaba no coincidía con el cuaderno,  será que aquí tienen un cuaderno también? Como fué que nos convertimos en otra ciudad?  si la que teníamos a mí me encantaba, que cuando algo no estaba en el almacén , ni en el ferretero , ah! el ferretero, que escondía  cada tanto el cartel de “ hay kerosene” cuando se quedaba sin,  kerosene vital para descongelar los pies frente a la estufa en los inviernos crudos, él también estará en esa otra ciudad? decía que cuando algo no lo tenía ni el almacenero ni el ferretero nos íbamos de excursión al centro de la ciudad! que aventura aquella! montar el bus y sumergirse en ese mar de personas comprando , como si fuese un almacén gigante a cielo abierto; recuerdo la primera vez que me dejaron ir al centro sólo , con mi amiguito de la vuelta ,  osea , solos sin padres ni hermanos mayores, que felicidad! Cuanto por recorrer! Cuanto por ver! , ahora ya casi ni voy al centro y si tengo que ir me fastidio, sospecho que cuando la ciudad fue otra como dijo éste hombre , que en paz descanse ; también se llevaron ese centro para otra ciudad , a veces voy a otras ciudades esperando encontrar ese centro o siquiera al almacenero , pero me encuentro con ciudades que en cualquier momento pueden ser otras , con  cientos de barrios , almacenes , ferreteros  … a veces parecidos, a veces diferentes , pero nunca los mismos.  Será que a mi ciudad cuando le dijeron que podía ser otra estaba buscando un cambio en su vida citadina y acepto entusiasmada ;  o ni le preguntaron  ,  directamente la amordazaron , la encapucharon y se la llevaron lejos volviendo una y otra vez sobre su recorrido para que pierda la noción de hacia donde iba y así no pueda nunca más volver , nos extrañará? Digo , a quienes la habitamos antes de que fuera otra? Pensándolo bien no nos portábamos tan bien con ella , la ensuciábamos , la llenamos de humo y hasta nos empecinamos en demoler una a una sus  emblemáticas casonas con las que ella fue gestándose , si yo fuese ella no me extrañaría ni un poquito , es más , pienso que cuando le propusieron ser otra , agarró las valijas y salió corriendo por su entrada  pintoresca! Pensándolo así , no va a volver… ni el almacenero , ni el ferretero ni ese centro lleno de sorpresas, nos queda esta ciudad que tenemos , a la que también le van a proponer ser otra  y si no la cuidamos como se debe también nos va a abandonar, y no hay nada peor para un citadino que una ciudad que lo quiera dejar a un lado, no hay despecho en el mundo más   terrible . Tenemos que amar nuestra ciudad y hacerle el amor permanentemente , no dejar que quiera ser otra , si no que sea la que nosotros queremos , la que se sienta orgullosa de nosotros y por la que inflemos el pecho al oír hablar  de ella , para que  así vuelva el almacenero , el ferretero y ese centro con olorcito a comida callejera que haga mágicas las visitas de los niños.   
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