Sin darme cuenta estaba a unos metros de conocer lo que sería un mar de emociones, lo que me haría suspirar de día y llorar de noche, había demorado en llegar el día en que todas las ilusiones y pensamientos surgieran en base a su sola presencia, lo que no me advirtió el destino, fue que todas no serían como en los cuentos de hadas, donde, aunque todo se torne turbio, termina con un final feliz, hasta para quien, como espectadores casi no lográbamos notar. Me pregunto si estaría mejor hace un año, cuando pertenecía a ese grupo de espectadores que observaban con milicia la vida perfecta destinada para los demás, cuando no cuestionaba los azares del destino y cuando no me preocupaba si estaba bien vestida o no; he ahí el dilema, me digo a mí misma, somos seres que carecen de habilidades para sobrevivir en este mundo sin alguien de lado, encima o debajo, y es que finalmente, ¿quién querría hacerlo?, enfrentar tanta podredumbre de mano de una botella de vino no basta, es necesaria esa presencia corpórea y es que ante esa necesidad sucumbimos, y optamos soportar un mar de llanto por 4 horas de felicidad plena y realidad perfecta.
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