Esta no es la misma canción,
esta no es aquella vieja plegaria,
que ilumina el peso del mundo
en una efeméride cósmica.
 
Otra vez el trino del viento
se cuela entre nuestra capa de ozono,
para intimidar mi almohada coqueta,
para abandonar el misterio.
 
Esta nos es la vida de lobos rampantes,
esta no es la lluvia que acaricia tu espalda,
desangrada en el territorio prohibido
de una isla sentimental.
 
Otra vez el gemido macabro
se escabulle entre las redes telefónicas,
para cabalgar en platillos veloces,
para inventar un reflejo en el sueño.
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