Las circunstancias caprichosas
me habían impedido,
hasta hoy, cumplir mi sueño
de ver las islas griegas
y, sobre todo, la legendaria Atenas.
 
Al fin, pude arribar al Puerto
del Pireo y de allí, a la ciudad
que vio nacer, en su gloriosa antigüedad,
la poesía épica del inmortal Homero,
el arte del sublime Fidias,
la filosofía de sus grandes genios,
el esplendor político de Pericles...
 
¿Cómo surgió allí la primavera
incomparable del espíritu creativo,
la floración del pensamiento humano,
el razonar profundo de Sócrates,
el dialogar poético de Platón,
el realismo indagador de Aristóteles...,
tan alejados ya de los dioses 
y leyendas míticas del pasado? 
 
Allí brotó, en el pueblo iluminado,
el manantial sagrado
de una nueva claridad
en la reflexión, el arte
y la alegría de gozar la vida:
redescubrimiento del ser humano. 
 
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