Animita de lxs curadxs.
Recuerdo la época de carretes desenfrenados, por allá en el año 2008.
El presupuesto era 5 lucas en los bolsillos y ebriedad toda la noche de corrido.
Beber en la pasta de cherry, luego acceder a la disco que nos dejaba entrar siendo aún menores de edad.
Era ritual de todos los sábados.
Santa gemita auspiciaba, o el chimbombo garrafa de plástico de interminables litros, en dónde tomar 3 vasos de el te dejaba hablando hasta en chino.
Bebiamos como buenxs peces en el río.
Los daños colaterales hacían efecto después.
A la disco intentabamos entrar caminando en línea recta o al menos eso creíamos.
Los cigarros Phillip morris cajetilla roja era el compañero ideal para la toxicidad que consumíamos.
Como no podíamos entrar con la garrafa ni aunque intentaramos meterla a la fuerza en los hígados, en el callejón de la disco, existía la animita de unx difuntx que al parecer nunca visitaban sus queridxs.
No habían ni flores secas ahí.
En varias ocasiones por esconder el licor de mala procedencia en los basureros, como buena basura que era, nos terminaban robando, quizás como favor para no seguir intoxicándose con semejante tontera, eso nunca lo sabré.
Hasta que se nos ocurrió la brillante idea de meter el contenido en una botella de plástico más pequeña dentro de la animita.
Y santo remedio, el o la curaita que falleció ahí, bendijo nuestros carretes y como ofrenda le prendíamos un cigarrito para que no se ofendiera.
Nunca más nos robaron, entendíamos por códigos que cada tanto quisieramos salir a fuera a seguir emborrachandonos el copete lo resguardaba la animita.
Y fue así durante todo el año, aprendimos que nuestro copete era sagrado y que no había mejor guardia que la animita del callejón .


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