Todo comenzó con leves recuerdos, el momento es inmemorable pero los recuerdos son inolvidables, estos me han acompañado durante 15 o 16 años de mi vida, recuerdos que no he compartido con nadie, hasta ahora, que para los protagonistas solo han sido sucesos, acciones del momento, nada importante, pero sin darse cuenta que fueron un sin fin de sucesos que marcarían a un niño para el resto de su vida. 
Aún recuerdo esa noche, encerrado en la habitación con tan solo 3 o 4 años, ubicada en Valdivia -ubicación cambiada-, estaba mi hermana de 1 o 2 años y mi tía abrasándome mientras me cubría los oídos para no escuchar como en el living-comedor mi padre le pegaba a mi madre. Esos gritos de auxilio, pidiendo que se detuviera, aún giran en mi cabeza, cómo si los estuviera escuchando en este momento. Acción que se repitió en diversas circunstancias. Al otro día mi madre maquillada me decía lo mucho que me amaba y que nunca me dejaría solo, mientras de su rostro se veía una hermosa sonrisa opacada por los recuerdos de la noche anterior. Pasaron los años y esto se mantuvo así durante un tiempo, cada fin de semana, era un tormento para mi familia, puesto que, no vivíamos con mi padre, por temas laborales. Cada viernes y sábado del año era una discusión, sobre el asado, carrete o celebración que terminaba con mi padre borracho, expulsando toda su ira y rencor contra mi madre y contra mi, puesto que no quería un hijo varón. 
Con el tiempo me di cuenta que mi madre tenía un cercano, llamado José -nombre falso-, que no era familiar ni amigo de la familia, ya que, nunca lo vi en reuniones familiares. Mi madre me dejaba durmiendo y se sentaba en el sillón a conversar con él, lo sé porque despertaba y me quedaba en silencio observando la habitación y me levantaba silenciosamente para que mi madre no lo notará. Eso nunca fue malo, no es nada malo para un niño de 5 años. 
Pasaron los años, nuestras vidas continuaron, hasta que un día mi madre no aguanto y explotó. Con el tiempo mi padre cambió, un cambio brusco, un cambio utópico. Paso de ser una persona violenta, apático, a ser alguien tranquilo, sumiso pero aún así con el alcohol a veces se descontrolaba, no habían golpes pero si algunos insultos y rabietas.
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En 2005 estábamos de vacaciones en Santiago, y mi madre nos da la noticia de que estaba embarazada, que feliz y pleno me sentí al saber que tendría un herman@, al ver que mi familia había podido superar todo y habíamos comenzado desde cero, o eso creía yo. Al siguiente año nació mi hermana, un bello ángel hecho a mano. Vivimos unos meses en Valdivia para luego venirnos a vivir a Viña -ubicación cambiada-, ciudad en la que vivimos actualmente. Al llegar a Viña, sentía pena por dejar mi entorno en el sur (que era bueno, si sacamos los horribles sucesos mencionados) pero a la vez ansiedad, nerviosismo, por el cambio de casa, de ambiente y a la vez contento porque esto sería como un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. 
Aunque con mi padre siempre me llevé mal, yo sentía rencor, rechazo e incluso odio hacía él. Por todo lo que tuve que ver, escuchar y aguantar en mi niñez. Él intento mejorar nuestra relación pero siempre yo me oponía, ponía una barrera de hierro en medio de los dos. Motivos tenía pero siempre mi madre llegaba a hablarme sobre el perdón y que no debía llenarme de rencor, porque no era bueno ni saludable para mi. Que irónico. 
Con el pasar del tiempo, me di cuenta que no era tan terrible, tanto el cambio de casa, como el vivir con mi padre, no se me hizo difícil el cambio, me adapté fácilmente, hice amigos, bueno para ser sincero amigas principalmente. Estuve en un colegio particular-subvencionado, con indiscutible problemas de enseñanza y administración, pero un colegio que me dio a personas maravillosas y recuerdos inolvidables.  A la vez mi relación mejoro considerablemente con mi padre, ya no sentía rencor, ni mucho menos odio, me di cuenta que nuestra relación podría ser muy buena
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Pero un día mis padres pelearon, me entrometí y mi padre volcó el árbol navideño, eso destruyo mi esperanza, al ver caer ese árbol, que para muchos es solo un adorno, significo, que todo seguía igual, que nada había cambiado, eso derrocho mis sueños de la familia feliz. Nos fuimos de la casa, yo le rogaba a mi madre que se divorciará, por ella, por mi padre, ya que no eramos una "familia", políticamente claro que lo eramos pero a quien mierda le importa eso. Pero mi madre no me hizo caso, siguió con esto, con la condición, hipócrita, de que mi padre debía dejar de beber y nuevamente me sorprendió, ya que disminuyó el consumo de alcohol considerablemente e incluso dejo de ser violento, seguían peleando, pues claro, pero nunca más hubo violencia, ahora solo eran rabietas de cinco minutos, como de un adolescente medio. Mis esperanzas habían vuelto, como un inocente niño que piensa que todo es amor, pero no.
Con el tiempo comenzaron a atacarme mis recuerdos de infancia a través de sueños, mejor dicho pesadillas. Comencé a sacar conclusiones, comenzando por pensar que mi hermana era realmente mi media-hermana, así es, el cercano José. Nunca fui capaz de mencionarlo, ni de comprobarlo, por miedo. Fui cobarde lo sé, pero que podía hacer con 15 años, destruir todo lo que habían intentado construir nuevamente. 
Esto lo comprobé en una discusión de mi madre con una antigua amiga del vecindario, eran "poto y calzón". En la discusión le grita a mi padre que se haga un examen de ADN con mi hermana. Mi padre quedo anonadado, aunque nunca lo hizo, pues la vecina estaba en un momento de furia y descontrol, donde claramente podría haber dicho eso por rabia e impotencia. Con eso yo genere una gran desconfianza en mi madre, la amaba pero no confiaba en ella, mientras que con mi padre cada día generaba más cariño y respeto. Me encontraba en una situación compleja, no sabía que hacer, no podía confiarle a nadie mi secreto. Imaginen vivir con algo así. Es tormentoso, te sientes infiel, desleal, siendo que tu no has cometido ningún error, o quizá si, para ser sincero, el hecho de callar, me hace cómplice. 
 
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