El vino, es un punto de firme escarlata hasta que cae al agua,
difumina en líneas carmesí que se filtran por espacios etéreos,
diseminándose hasta que ya no es rojo, escarlata o carmesí;
hasta que ya no es más que agua con un gusto a uvas viejas…
Y allí viene la cuestión: ¿Quién ha servido vino en agua?
 
Caminando harto soberbia y cada paso en falso es ‘mejor’,
cual trampa de arena movediza que no se advierte jamás…
pero jamás llega con el paso que se traga la soberbia
y con el vino que no añeja, no deleita y no embriaga más.
¿Quién ha servido vino en donde antes dejó agua?
 
Y la copa ha rebozado ya, quizás valga vaciarla y servir;
quizás valga la pena agotar ya lo que queda y seguir…
Pero el vino ya no es escarlata ni tampoco es carmesí,
es un fantasma pálido de ayeres más etílico que dulce
desabrido en suspiros y que apenas asoma cierta melancolía.
 
Cierta melancolía que seduce a una eventual embriaguez
que pasa a ser saciedad y sopor sin mover el mundo a los pies...
Sin el gusto agrio y dulce que crea risas y divinos absurdos;
vórtices de posibles mañanas en noches que se antojan eternas;
sin suaves voces que susurran a Buesa o al maestro Neruda.
 
¿Quién ha servido vino en agua? Me pregunto y no lo sé.
O quizás tan solo evado la respuesta inútilmente,
creyendo falsamente que alguien murmure una mejor…
La fuente esmeralda de donde brota el poeta y escritor:
¿Debe servir hasta que caiga el agua de su copa?
 
Más las historias de amor, no conocen imposibles…
¿El agua brota de la copa y ya no hay vino que valga?
(…)
Espero fraguar el imposible de los que no amaron jamás:
Donde la vid, frondosa y viva, crece al fondo de mi alma;
donde el sol, el aire y lluvia surgen de mis experiencias…
 
…dando la calidez justa que forja la uva más apta.
Inventar el gustoso imposible de sembrar viñedos en tu vida;
de crear un indomable elixir que se compare a tus labios...
Que disuelva el trasluz que exalta mis erratas…
Y que sepa a razones de embriagarse de nuevo…
 
Ofrecerte el desliz de una ‘noche de copas’;
una noche sin tiempo, sin reservas ni miedos…
una noche de lunas y de amaneceres…
Una noche de absurdos que se vuelven reales;
de suspiros que vayan diluyendo los males…
Que te agiten el mundo como nadie jamás…
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