A veces no sé lo que escribo, pero siempre es de ti.
Le he prestado mis sueños al tiempo y me he dado cuenta que ha pensado no devolvermelos, y así, taciturnamente, me encuentro agonizando en mis oscuras ganas de despertar sin dormir y de vivir sin poder respirar, con angustia de momentos inertes, muertos como los suspiros del viento, ahí ahogados como recuerdos de algo jamás vivído. Y mientras me sofoco en mi mas vaga sonrisa, me vuelvo un autómata con corazón de acero, acero envuelto en tus manos, rescatado de la ausencia de historias sin verso, y tu, tan náufraga de sentimientos, permaneces en mi sombra temerosa, y yo al ser tan célebre soñadora, vuelvo al refugio de mis cuentos, a esa isla que parece nido, y muero en los brazos de morfeo, soñando de nuevo, contigo, con tu falta en mi. Y el tiempo no me abraza, y cabe resaltar que tu tampoco, es al final, eso poco de tu parte que una vez me tuvo, que aún me mantiene y hoy como ayer, me olvidó.
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