A mi mejor amiga
Ni perlas, ni rubíes, ni diamantes...
¡Ninguna joya tiene tanto valor!
No se pueden comparar ni los brillantes
con la belleza de tus ojos
y la ternura de tu amor.
En las horas más tristes de mi vida,
cuando todo perdía su importancia,
tu alma se acercó a la mía,
para detener el flujo de mis lágrimas.
Tú fuiste ¡adalid de mis esperanzas!,
vencedora de mis sueños imposibles;
la que logró derrumbar las murallas
de una cárcel poderosa e invisible.
Cuando te alejes de mí, quedará tu recuerdo
como una semilla de luz,
germinando en mi corazón.
Volveré a sentir de mi soledad su silencio;
tal vez ¡todo habrá muerto!, menos el amor.
Pensaré, como tú me enseñaste,
sin perder la fé y manteniendo la calma,
que lo más bello de la vida nace
y para siempre perdura en el alma.
Ni perlas, ni rubíes, ni diamantes...
Sólo tú, mi amiga, más que todo vales.
¡Ninguna joya tiene tanto valor!
No se pueden comparar ni los brillantes
con la belleza de tus ojos
y la ternura de tu amor.
En las horas más tristes de mi vida,
cuando todo perdía su importancia,
tu alma se acercó a la mía,
para detener el flujo de mis lágrimas.
Tú fuiste ¡adalid de mis esperanzas!,
vencedora de mis sueños imposibles;
la que logró derrumbar las murallas
de una cárcel poderosa e invisible.
Cuando te alejes de mí, quedará tu recuerdo
como una semilla de luz,
germinando en mi corazón.
Volveré a sentir de mi soledad su silencio;
tal vez ¡todo habrá muerto!, menos el amor.
Pensaré, como tú me enseñaste,
sin perder la fé y manteniendo la calma,
que lo más bello de la vida nace
y para siempre perdura en el alma.
Ni perlas, ni rubíes, ni diamantes...
Sólo tú, mi amiga, más que todo vales.
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