A mi Madre
A Mi Madre
Aquí entre el más oscuro silencio
reboto entre pensamientos y pesadillas,
ahogando cada lágrima entre mis pechos
como queriendo haber establecido mi existencia.
Me ensordezco con las miradas
y las lágrimas que a sus 70 años
mi madre aún sigue tallando en su rostro.
Mi apellido paternal, no es más
que la imagen de un fantasma
que aún no abandona su historia,
y que día a día carcome sus frutos
que no supo degustar.
Quisiera con el tiempo tejer
una trenza con los que hoy me dan vida,
y adornarla con el rozón del sacrificio y
la moldura de la creación única
que Cristo hizo: Mi Madre.
Ese rostro perdido, ingenuo y casi sin arrugas,
mira día a día su presente
y bajo un manto negro oculta su pasado,
teme revivir el dolor de su cuerpo,
su alma, su corazón, pero no sus sentimientos.
Cogiste trozo a trozo las telas
que cubrirían mi cuerpo y la de tus hijos
que aunque ausentados por el olvido
se han ido quedando en el recuerdo.
Fuiste voz hecha ley,
despedazaste miles de veces tus blancas manos
bajo el frío del agua
pero ayudada por la fuerza inevitable de tu lucha,
veías día a día entre trozos rasgados
por los años, la luz de tu esfuerzo
y el aroma de nuestro esplendor
en esas vestiduras limpias como tu alma y tu vida.
Desmayaste una y otra vez por el cansancio,
no conociste el silencio de la noche,
el brillar de las estrellas,
sino el duro blasfemar de quién carcomido por el alcohol,
destruía paso a paso un poco de ti,
pero no el sueño que destinaste a tus hijos.
Como olvidar aquellos golpes,
aquellos gritos, aquellos venir de improperios,
mientras me abrazabas como queriendo unificar nuestros cuerpos,
y así no sentir el miedo del frío y el ruido ensordecedor de la violencia.
Quien diga que el vestido de tul o seda
es lo mas preciado,
rebatiré y expondré aquella falda hecha de retazos
de color café, que puntada a puntada con el calor de tus manos
me creaste MADRE,
la mejor diseñadora y becada en la Escuela del Sacrificio
y del amor por el mejor master: el Señor.
Quien sabe y percibe lo que soy,
en el momento que la alegría de no estar me ensalce,
recordará en silencio mi pasar, por los minutos
que demore mi sepultura.
A ti Madre la Mejor creación de Dios.
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