Tu ser ha envuelto a las letras españolas…
Aquel aroma fecundo de lucha,
De pluma ardiente como la brasa del sol.
Has dibujado en tus letras la imagen de tu alma,
Como despliega el ave sus alas,
Al encontrarse en el viento feroz.
 
Porque tu vuelo fue incesante…
Aun cuando se asomara el dolor,
A la puerta de tu hogar.
Aun cuando el mar perdiera su color…
En lo latente,
De la sensibilidad de tu espíritu.
 
Tus horas hablaron del deber…
Y tu pensamiento del porvenir,
Tus manos dieron al infeliz sincera esperanza…
¡Tanta! Y a tantos,
Que esas almas bajo tu amparo,
No alcanzaron agradecerte en el corto tiempo,
De  tu existencia terrenal.
Pero la materia pertenece a la materia,
Y el alma a esa virtud desconocida,
Cual se ama,
Y en donde jamás se halla perdida.
 
Poco quisiste pedir,
Pensando en tus antiguas faltas…
Como el hijo pródigo
En su camino al padre,
Pensara en lo que le deparara.
Pero tanto recibiste.
Por tu recia dignidad
Y dulce humildad…
Que no cupo en aquella ave de alto vuelo,
Tanto agradecimiento y dicha,
Cuando tomara finalmente,
¡En la luz!
Su anhelado puesto.
 
Porque tu vuelo fue incesante…
Y aquella alma que en tu materia floreció,
El mirar atrás no le era útil,
Y jamás necesidad.
¡Porque quien en lo alto se encuentra,
Al horizonte alejado,
A la vista mirar le cuesta.
Y el quebranto de la ingratitud,
Que algunos dejasen en tu ser heridas….
Templaron la dura espada,
Que combatieron …
Tus lejanas batallas.
 
Luis J. 
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