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Zapatos

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roberta@roberta
27 abr 2009·3 min de lectura

Yo era amiga de ella, y juzgaba su vida ligera como si nada le importara, parecía transitar la misma sin tocarla desde la vereda contraria. Este fue un concepto erróneo o al menos este se modificó cuando María miró la vereda de su corazón. Sus pensamientos la alcanzaron débiles y menguados al observar los ojos de la persona que amaba sin sentir que ellos la amaban igual. Ella sentó a esperarlo en la esquina de Cabildo y Juramento, con la impresión de ver a su hombre como un lancero que apunta hacia la silueta de sus sentimientos y deseos internos para oscurecerlos. Las nubes plomizas cubrían su día y lo cargaban de mediocridad y de dudas. Observaba sus pies enfundados con medias y zapatos negros revestidos de gravedad. Deploró al viento que volaba las páginas de su historia sin poder detenerlo. Palpo su libro trunco al verlo acercarse. Sin omitir palabra los dos intentaban enderezar sus vidas como la madera que fue alabeada por la humedad. Pero ya era tarde, los ojos verdes de su hombre lo figuraban un espectro, bebiendo un sorbo de cerveza mientras su cabeza rodaba en un camino lleno de dudas hasta decidir contar su verdad. El relato fue breve y con su mirada cargada de culpa le transmitió la adrenalina que le generaba ser protagonista de amores tan diferentes que lo hacían correr las agujas del reloj e impregnar el corazón de cada una de ellas con deliciosas poesías, placebo para no dudar en el engaño. De la forma que se había enamorado hasta enloquecer por ser preso del cronómetro del amor degustando diferentes cuerpos sin poder abandonar el papel de Don Juan hasta ser agitado por exponer su realidad. Ella a medida que transcurrían los segundos se sentía hastiada y no quería escuchar más, pero el continuo con sus excusas justificando a agonía que le causaba este juego que ya no tenía ganas de jugar. Y por último el perdón que esperaba escuchar. Sin embargo ella lo miró con desconsuelo y no aceptó el abrazo, solo corrió a su salvar su dolor...........el perplejo continuo sentado viendo como el verdadero amor que dio todo se convertía en nada.......quizás yo hubiera podido ayudarla, lamentablemente no fue así. Ninguno de nosotros pudimos evitar que ella ejecutara la decisión que en silencio había tomado hacia un tiempo y en aquel lugar confirmaba después de masticar su vida para no atragantarse. Hoy paso por el lúgubre bar y recuerdo que ella enjuago sus lágrimas, guardo las cartas de su gran amor en el cajón y se colgó la soga de aquella pasión. Roberta
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Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
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